Iberseries & Platino Industria
El mapa de la coproducción entre Europa y Latinoamérica: menos thriller y más relato de cercanía y memoria compartida
La coproducción como alianza estratégica ha ganado peso en la cooperación entre Europa y Latinoamérica, como se ha analizado en Iberseries & Platino Industria
***Este artículo es posible gracias a Iberseries & Platino Industria, que celebra su sexta edición entre el 29 de septiembre y el 2 de octubre en Matadero, Madrid
Las adaptaciones de IP y las alianzas de desarrollo se han convertido en los principales motores de las coproducciones entre Europa y Latinoamérica en los últimos años. Así se desprende de un estudio presentado por la consultora GECA en la primera jornada de Iberseries & Platino Industria, que tiene el fomento de la coproducción como uno de sus puntos fuertes en la edición de 2026. Esta colaboración internacional solía concebirse como una estrategia de negocio que minimizara riesgos y costes, pero ahora se ve también como una manera de que los países socios en un proyecto concreto complementen sus puntos fuertes. Por ejemplo, en el mercado hispanohablante, España aporta, entre otras cosas, ser la puerta de entrada a Europa, mientras México cuenta con una relación más directa con los Estados Unidos de habla hispana, Argentina suma desarrollos de IP y Brasil, un gran volumen de producción.
Además, se ha vuelto mucho más común que la estrategia de coproducción se estudie ya desde la fase de desarrollo del proyecto, que se concibe pensando qué países podrían entrar como coproductores. "Las productoras ya no buscan simplemente a un comprador, sino que buscan que sean capaces de mejorar el proyecto antes de llevarlo al mercado”, explica Gloria Saló directora de consultoría de producción y contenidos de GECA. Pero, como apunta Lucía Gómez, analista en la misma empresa, “si bien coproducir es un concepto que está generalizado y extendido internacionalmente, en la realidad, está muy concentrado en unos mercados concretos”. En el eje euroatlántico que es el foco principal de Iberseries, hay un bloque de cinco países que son los más activos en este aspecto: Estados Unidos, Alemania, Reino Unido, Francia y Bélgica, que destaca por haberse apoyado en sus incentivos fiscales para ganar peso en esta área. España, por su parte, es la séptima y es más común que solo cuente con un socio en las coproducciones en las que participa. Los más habituales son México, Argentina, Uruguay y Chile.
Radiografía de la coproducción con Latinoamérica
Si echamos un vistazo a las formas que adopta esa coproducción, se aprecia que, en 2023, lo común era la coproducción formal, tradicional, que Gloria Saló define como “la participación de empresas de varios países con porcentajes definidos en financiación, gastos y también, obviamente, en talento y derechos”. Mientras, en 2026 han ganado importancia las adaptaciones de IP's (con el ejemplo de la serie española ‘Velvet’, adaptada recientemente en Telemundo) y las alianzas de desarrollo. También han aumentado su relevancia los acuerdos de preventa y distribución. Pero el tipo de ficciones que se coproducen mantienen el reinado de las series dramáticas y, sobre todo, las biográficas e históricas. Como destaca Saló, “se está apostando por un código menos universal, como puede ser el thriller, y más por la memoria compartida y el relato de proximidad”, caso de títulos como ‘Los mil días de Allende’, coproducción entre Chile, España y Colombia, o ‘Bellas Artes’ (Movistar Plus), que es una producción de España y Argentina.
De todos modos, si nos centramos en España, en los últimos tiempos se ha fomentado la cooperación con Portugal en proyectos que incluyen trasvase de talento y hasta rodaje en ambos países o, en el caso de ‘Si es martes, es asesinato’, que se ruede casi íntegramente en Lisboa. “La relación evoluciona desde proyectos puntuales hacia una red industrial con más vías de colaboración”, señala Saló, que destaca títulos como ‘Operación Marea Negra’, ‘Punto Nemo’, ‘Lisbon Noir’ o ‘Millennial mal’. Al final, son vías de cooperación que escapan de “los encargos de las plataformas, donde se suelen retener los derechos de distribución y la IP”, afirma la analista GECA, que añade que “aunque reúnen talento de varios países, no llega a ser una contribución propiamente dicha” como ocurre con las coproducciones más tradicionales.









