Entrevista | Festival de San Sebastián
Carlos González, Milo Quifes y su viaje con 'La bola negra': de sentir el "síndrome del impostor" al orgullo por lo que está "pasando"
Los dos protagonistas de 'La bola negra' se pasaron por el set de Kinótico, patrocinado por Repsol, para hablar de la película y cómo les ha cambiado la vida

Están siendo meses –y aún quedan unos cuantos más por delante hasta los Goya– de auténtica vorágine para Carlos González y Milo Quifes, dos de los protagonistas principales de ‘La bola negra’, dirigida por Javier Calvo y Javier Ambrossi y que representará a España en los Oscar. En medio del ir de un lado para otro, recibir cariño y acompañar a la película de festival en festival, pero desbordando energía y entusiasmo pese al cansancio, ambos se pasaron por el set de Kinótico, patrocinado por Repsol, en el hotel María Cristina en el Festival de San Sebastián. Allí hablaron de lo que significa este película para ellos, de mantener los pies en el suelo y de las ganas de que por fin se vea en las salas, de que la vea “el público que paga su entrada”. Eso ocurrirá hoy mismo, 25 de septiembre, día de estreno de ‘La bola negra’ en las salas del cine españolas.
Dice Milo Quifes de esta espiral de festivales y proyecciones que se van adaptando poco a poco. “Lo que vaya viniendo lo hacemos juntos y punto pelota”, sentencia. Y añade a su lado Carlos González: “No es porque estén las cámaras delante, pero es verdad que tenemos muy buen rollo”. Hablamos con ellos en San Sebastián, en el mayor festival de cine en España, y eso es un sueño. Sobre todo para alguien como él que, cuenta, de pequeño se colaba. Se venía de Navarra con su amiga Maite y se colaba allá donde podía. “Quiero disfrutar mucho, intentar vivir en presente. No pensar mucho tampoco en lo que vaya a poder pasar o no (…) Y todo lo que sea bueno para esta película, que haya premios y que la película se vea más, pues fenomenal”, valora.
Con tantos halagos, premios y el foco puesto en ellos, ¿cómo se mantienen los pies en el suelo? ¿Se puede? Aseguran que sí. “Yo soy superconsciente de que esto es una moda”, responde uno de los grandes secundarios de ‘La vida breve’, que asegura no entender eso de las “modas actorales” y que ellos no son “tan importantes”. Y añade con toda la naturalidad del mundo: “Yo me rompí el pie este este verano después de Cannes. Puede sonar como muy tierno, pero estuve con mi abuela dos meses y esa es mi realidad. Mi realidad no es esta. Bueno, también es mi realidad, ahora lo está haciendo. Ahora es verdad que lo está siendo”. Quifes, por su parte, lo vive “un poco con el síndrome del impostor”, disfrutando el momento y agradeciendo los comentarios de la gente que ha visto la película. “Estar aquí me ayuda mucho, para darme palmadas en la espalda a veces, que eso también nos viene bien”, reconoce.

‘La bola negra’ significa mucho para mucha gente. Y más que lo hará ahora que llega al público. Pero, ¿qué significa para quienes son parte del fenómeno? Animado por Carlos González, Milo Quifes cuenta lo ‘suyo’, lo que ha supuesto para él esta película: “Antes del casting atravesaba una época un poquito regulera, las cosas como son. Tenía un poquito de ansiedad. Si no era por el trabajo, no salía de casa. Presentarme a este casting, que me cogieran, hacer los ensayos, trabajar. Yo hice el casting pensando que era para ser extra. Buscaban un andaluz y dije: ‘Venga, me gano 50 euros, no pasa nada, y hecho un día’. Y a lo tonto, cinco casting después, me dijeron: ‘No, es para protagonista’. Y ellos me han sacado muchísimo con cariño de mi zona de confort. O sea, lo que yo personalmente he tenido que darle a esta película es muy poco comparado con lo que ella me ha dado a mí. Con lo que los directores me han dado a mí, con lo que los actores con los que he trabajado me han dado. Las personas detrás del equipo, vestuario, dirección de fotografía, cámara, me han dado una vida y me han dado el poder disfrutar y salir de mi casa sin que me dé un ataque de pánico. O sea, a mí esta película me ha transformado bastante”.
Ser la película elegida por los académicos y académicas para representar al cine español en los Oscar y sonar en las quinielas americanas para estar nominada mucho más allá de la categoría de Mejor Película internacional podría hacerles sentir el peso de la responsabilidad, una presión mayor a la que puede acompañar a cualquier estreno. Carlos González lo afronta intentando no pensar en ello, aislándose de las críticas, pero feliz de todo lo que pueda venir por su abuela, su padre y los Javis. “Es que es muy fuerte, ¿no? Que esté pasando todo esto me enorgullece, en parte, que esto esté pasando con esta película, porque es una gran película gay. Ya era el momento de poder contar y dar el espacio a este tipo de historias. Con el espacio que merecen y no blanqueando personajes queer, dándoles el lugar, el espacio… hay una especie de tensión, una especie de bola negra que viene arrastrando el ser humano por lo que heredamos, que es de lo que habla esta película, todo lo no dicho, todo lo no hecho… Creo que cuando ves esta película esa especie de bola negra como que se destensa”, analiza con entusiasmo y vehemencia.
Siguiendo con ese camino abierto con su respuesta y la puesta en evidencia durante la campaña por los Javis por la falta de referentes queer con la que ellos, y tantas generaciones, crecieron, ambos actores ponen negro sobre blanco. “Es que estamos aquí también por ser maricones, o sea, me refiero, es que no hay que renegar de lo que uno es”, sentencia Carlos Gonzalez. Y Milo Quifes se explaya aún más: “Sí, sí, se lleva mucha historia detrás en la que muchos hombres no han conseguido papeles por la pluma y por ser maricón y yo he conseguido un papel porque soy maricón”. Y se vuelve a sumar Carlos González. “Yo estoy haciendo carrera con eso. Si yo acepto eso, es una puerta a ampliar mi imaginario como actor, a poder hacer otro tipo de personajes. Si me abrazo, me quiero, me cuido… es un oficio tan difícil que lo peor que puedes hacer es renegar de lo que eres”. Dicho todo esto, y tras apuntar que “es la primera vez que se hace una gran película gay”, añade que “hace falta contar historias para todo tipo de gente” y que “si te paras a mirar por la calle y gente que no está todavía contada ni ni narrada en guiones.








