Estreno
Emilio Portes convierte la infancia mexicana de los años ochenta en una pesadilla familiar
El director Emilio Portes explora trauma, infancia y terror en ‘No dejes a los niños solos’, multipremiado filme que continua reafirmando su voz autoral en México
Actualizado:

Dentro del cine mexicano contemporáneo, pocos directores han transitado la comedia negra y el terror con la naturalidad de Emilio Portes (Ciudad de México, 1976). Desde la irreverencia fantástica -muy taquillera y muy premiada- de 'Pastorela' hasta la oscuridad apocalíptica de 'Belzebuth', su filmografía ha encontrado en cada género una forma de hablar sobre familia, culpa y fe desde códigos profundamente populares. Con su sexto largometraje, ‘No dejes a los niños solos’, el cineasta mexicano vuelve a la oscuridad desde un lugar más autobiográfico, donde la infancia en los años 80 en México deja la mirada edulcorada que hemos padecido en series y películas contemporáneas. Aquí, Catalina (Ana Serradilla), una joven viuda, tiene que dejar solos a sus pequeños para conseguir las firmas que la avalen como la dueña de su nueva casa. El peso de su ausencia durante la noche hará que Matías (Juan Pablo Velasco) y Emiliano (Ricardo Galina) lleven la lucha por ser el favorito de mamá a lugares bastante sombríos.
El guion, escrito a cuatro manos junto a Alan Maldonado, revela también varias claves personales detrás de la historia. “Yo soy hermano mayor y el coguionista es hermano menor”, explica Emilio Portes. “Entonces, la película va un poco de eso: de las travesuras y malandreces que hicimos de niños en los ochenta. De milagro estamos vivos, de milagro no matamos a nadie”, bromea. Esa memoria generacional atraviesa buena parte del relato, incluso en episodios más concretos, como el accidente automovilístico que abre la película y que el propio director vivió durante su infancia, aunque -afortunadamente- sin consecuencias fatales. La reconstrucción visual de la época también parte de un trabajo profundamente artesanal. El fotógrafo Martín Boege recurrió a lentes e iluminación inspirados en el cine mexicano de los ochenta, mientras que parte del equipo de producción aportó objetos originales de la época para enriquecer la dirección de arte de Alejandro García, colaborador previo de Portes en 'Pastorela'. El resultado es una ambientación que evita la nostalgia caricaturesca y encuentra, en cambio, una textura doméstica y reconocible para toda una generación.
Así nos enfrentamos a un terror ambiguo, donde lo sobrenatural convive constantemente con el trauma y la psicología de los personajes. “La gente empieza a ver un poco lo que quiere ver”, explica sobre las reacciones que encontró durante el circuito de festivales. Algunos espectadores leen la historia desde el terreno paranormal; otros, desde la violencia emocional entre hermanos o el duelo de una familia fracturada. Esa ambivalencia, lejos de buscar respuestas definitivas, se convierte en el verdadero dispositivo de tensión de la película. “No queríamos hacer un terror efectivo de "jumpscares", sino algo más sugestivo”, remata el autor, quien reconoce también ciertas influencias de David Lynch y Darío Argento en la construcción de secuencias que privilegian la incomodidad antes que la explicación fácil.

Corrida en festivales y terror mexicano
Como bien lo ha dicho, el filme ha construido un sólido recorrido por el circuito internacional de cine fantástico, con más de 20 festivales dedicados al género. Su estreno mundial tuvo lugar en el Festival de Rotterdam 2025, para después pasar por espacios clave como Fantasporto, Sitges y el Screamfest Horror Film Festival de Los Ángeles, donde arrasó con los premios a Mejor Película, Dirección, Fotografía y Música. En México, fue parte de la edición 40 del Festival Internacional de Cine en Guadalajara y, tras más de un año de recorrido y varios intentos de estreno en una cartelera saturada, finalmente llegará a salas comerciales este 14 de mayo con un lanzamiento de 802 copias a nivel nacional.
El ganador de tres premios Premio Ariel ve el momento actual del terror mexicano como parte de una transformación más amplia dentro de la industria nacional. Recuerda que durante años las películas de género aparecían de forma aislada: “De 'Cronos' a 'Kilómetro 31' pasaron como 15 años. De 'Kilómetro 31' a 'Somos lo que hay' unos cinco, y luego 'Vuelven'... Y luego empezó a suceder cada año”. Hoy comienzan a surgir con una frecuencia inédita títulos de realizadores como Ximena García Lecuona y Eduardo Lecuona, Isaac Ezban o Carlos Matienzo, cuyo filme de folk horror, 'El ritual del nahual', convocó a cerca de 40.000 espectadores en su primer fin de semana según la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica de México. “Había años que no se estrenaba ni una sola película mexicana en la sección iberoamericana de festivales como Macabro, y ahora de repente hay cinco o seis”, subraya.
Para el director, este crecimiento no solo habla de una escena creativa más sólida, sino también de una necesidad urgente de reconectar al público con las salas: “Culturalmente nos quejamos mucho de por qué no regresó la gente al cine, pero si solo producíamos comedia, melodrama o documental, pues claro que muchos preferían verlo en su casa. No tenemos ciencia ficción ni acción de manera constante, pero sí estamos teniendo terror”. En esa lectura, el género aparece menos como una moda que como una posible vía de supervivencia industrial y cultural: películas pensadas para la experiencia colectiva, como lo es el esperado estreno de 'No dejes a los niños solos'.







