Entrevista
Carla Simón: "Después de las películas sobre mi pasado, sobre mi familia, me siento libre para poder hacer lo que quiera"
La directora habla sobre 'Flamenco', presentado en Cannes como parte de 'Where Talent Ignites' y protagonizado por la bailaora y coreógrafa Rocío Molina
Hace exactamente un año, la directora Carla Simón desembarcaba en el Festival de Cannes con 'Romería', su tercera película y el cierre de una trilogía sentimental dedicada a la exploración de su pasado y los temas que marcaron su infancia. Tras el aplauso de la crítica internacional y un año de éxitos que incluye haber estrenado en Estados Unidos, la realizadora catalana ha vuelto a la Croisette para presentar 'Flamenco'. Su nueva pieza audiovisual, creada como parte de la iniciativa 'Where Talent Ignites' de ICEX, está protagonizada por la bailarina y coreógrafa Rocío Molina, quien vuelve a su pueblo para desdibujar las líneas entre lo clásico y lo contemporáneo en la danza española. Simón, que ya trabaja en su cuarto largometraje tal y como cuenta en la entrevista, atiende a Kinótico en todo lo alto del cielo 'cannoise', uno bajo el que vivirá toda la semana también como presidenta del jurado de la Sección Oficial de cortometrajes.

¿Cómo ha sido volver a Cannes un año después del estreno de 'Romería'?
Llegué con mi bebé, que el año pasado estaba en mi barriga. Tuve una sensación muy bonita, con este sol radiante. Este año vengo con una posición mucho más relajada que la del año pasado, con la sensación de venir a disfrutar del festival. Por un lado, presentamos el corto con el ICEX y luego empiezo mi labor como presidenta del jurado de cortos y la Cinef. Es otra perspectiva, claro. Ahora vengo a ver cosas, a inspirarme y a descubrir. Me apetece muchísimo.
¿Qué pesa más para volver, el interés artístico, el de volver al festival o el de seguir en la órbita del mismo?
Mi primera reacción fue de gratitud, muy grande. También un sentimiento de honor, porque es un honor que te ofrezcan algo así. Y claro, si te gusta el cine, qué hay mejor en la vida que encerrarte en una sala a ver cosas durante un largo período de tiempo. Verlas concentrada y ver cosas que no ha visto nadie antes. Dije enseguida que sí. Eso sí, por la conciliación, tengo que hacer malabares todo el rato. Pero son malabares que hago con gusto, porque no hay un no posible. A mí me apetece, pero aunque no fuera el caso, hay que estar. Es un honor tan grande que te ofrezcan esto, que te apetece automáticamente.
Cuando llega una propuesta como la de 'Flamenco', ¿cómo funciona tu labor creativa?
Básicamente, empezó a través de Óscar Romagosa, que es el productor. Me dijo que existía ese concurso, que eran piezas para el ICEX y eran muy libres. Él sabe, porque lleva haciendo publicidad y eso yo no lo había probado. Me dijo que era algo distinto, que yo podía expandir mi propuesta y experimentar. Justamente, había como tres líneas, moda, arquitectura y música. Yo estoy preparando una cosa que tiene que ver con el flamenco y pensé que era el momento ideal para empezar a indagar en el mundo del flamenco.
Escribí una cosita pequeña, nos lo dieron y desde entonces ha sido bastante intenso. Es una pieza que hemos hecho en muy poquito tiempo. Es una cosa loca, pero es que terminamos de rodar hace dos semanas. Ha sido una posproducción exprés, porque nosotros queríamos a Rocío Molina. Ella es una bailaora increíble, y sus fechas eran las que eran porque está de gira. Nos liamos... y terminamos los subtítulos anteayer. Ha sido loco, pero ha valido mucho la pena para experimentar con el flamenco. Es un campo enorme de libertad y de poder. Es algo que tiene mucha emoción, por lo que a mí me llamaba mucho la atención.
¿Qué tal ha sido el diálogo artístico con Rocío Molina? ¿Os conocíais de antes?
No, yo no la conocía personalmente. Siempre tuve muy claro, eso sí, que el corto tenía que protagonizarlo ella. Aparte, la temática iba sobre la tensión, tan latente en el flamenco, entre tradición y vanguardia. Pasa en muchas artes, pero en el flamenco están estos dos extremos que hacen que las cosas sean muy ambiguas y Rocío [Molina] es alguien que personifica eso muy bien. La contactamos y ella estaba liadísima, pero le apetecía probar en cine. Ha sido un aprendizaje muy grande. Nosotros, como cineastas, estamos acostumbrados a trabajar con nuestro equipo, con unas dinámicas muy asumidas. Cuando entran otros artistas, que también son directores de su propio trabajo como es Rocío Molina o El Niño de Elche, esto pasa a ser una necesidad de dialogar hacia las ideas que estamos buscando y hablar el mismo lenguaje. En esta fusión de creatividad, arte y artistas, ha sido muy estimulante. Lo hemos gozado todos mucho. Ha sido un experimento muy interesante.
Cerrada tu primera trilogía, ¿te quieres acercar a la música en tu cine?
No lo sé, y es curioso. El otro día, me di cuenta de que el corto hablaba justamente del momento en el que estoy. El personaje de Rocío vuelve a su pueblo, a la familia de su madre, y se reconcilia con el arte del pasado para poder ser más libre y encontrar su camino. Me siento mucho en ese momento. Después de haber hecho estas películas sobre mi pasado, sobre mi familia, es como que me siento realmente libre para poder hacer lo que quiera. Siempre he estado rodeada de músicos, desde mi hermano, mi padre... El flamenco es algo que me llama, además, mucho la atención, así que estamos ahí probando, a ver qué pasa.
Tres películas en Sección Oficial, otras 11 participadas en las paralelas... ¿Qué se está haciendo bien en España?
Es una cosa histórica y muy épica lo de este año, que hay que celebrar mucho y sobre todo recordar. También, creo que es fruto de muchos años de confiar en que este tipo de cine necesita ese apoyo. Obviamente, hay mucho talento en España, con voces muy distintas y búsquedas muy distintas, que es lo que le interesa a este festival. Encontrar voces genuinas. Es una demostración muy clara de que cuando las instituciones creen que tiene sentido apoyar el cine, eso da sus frutos. Y no hay que olvidar que eso es muy frágil. No es un esto ya está, siempre estaremos en Cannes. No. Seguiremos en Cannes si seguimos cultivando la importancia de nuestro cine y encontrando la manera de que nuestros espectadores lo disfruten.
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