Entrevista
John Wilson: "Ver una actividad muy banal se convierte siempre en algo muy emocionante"
El responsable del show de HBO 'How To With John Wilson' presenta en el Atlàntida Mallorca Film Fest su debut en el documental: 'La historia del hormigón'
Pitchfork, una suerte de biblia periodística para quienes siguen la actualidad musical, colgó hace pocos años una lista con algunas de las canciones que escucha John Wilson. “Pero, ¿quién diablos es John Wilson y por qué nos tienen que importar sus listas de reproducción?”, se preguntaban indignados algunos usuarios en la cuenta de Instagram de este medio. El responsable del programa de HBO ‘How To With John Wilson’ puede que a estas alturas ya haya conseguido cierta entidad en Estados Unidos entre quienes no querían saber nada de sus temas favoritos de Yo La Tengo o Hope Sandoval, pero se siente un completo desconocido a este lado del océano, donde se encuentra para participar en el Atlàntida Mallorca Film Fest con su debut en el largometraje: un documental hilarante, adictivo e imprescindible titulado ‘La historia del hormigón’ que ha acaparado la curiosidad de los asistentes tanto en las proyecciones como en las charlas en las que ha participado.
John Wilson analiza en su debut en el largometraje de no ficción la presencia del hormigón en la urbe y, con esta excusa como punto de partida, aborda otras cuestiones filosóficas y también prácticas acerca del ciclo de la vida, de los materiales de los que están hechos las ciudades y de lo que conmueve a las personas. Además de preguntar a constructores y acudir a congresos y ferias de materiales de construcción, también sigue a un rockero que canta con su grupo en bares; asiste a un curso de guion en Hallmark, el canal de televisión por cable estadounidense, propiedad de Hallmark Cards, famoso por sus historias románticas concebidas con una misma fórmula; o pregunta a unos policías romanos sobre la construcción del Panteón de Agripa. Casi de manera involuntaria, y en línea con la serie que lo ha convertido ya en figura de culto, esboza un humor que convierte la experiencia en pura diversión y que no es fruto de la planificación, sino de su perspectiva e intuición, tal y como ha contado a Kinótico en una entrevista.
¿En qué momento pensaste que hablar sobre el cemento podía ser un buen punto de partida para hablar de otras cuestiones más profundas?
Tuve una avería en mi sótano, de la lluvia que entraba de la calle y me di cuenta de que se trataba de una grieta mayor. Empecé a investigar y encontré algunos libros sobre el hormigón con los que aprendí y que me sorprendieron, así que convertí esa ansia por conocer en un documental.
¿Cuánto de lo que se ve en la pantalla estaba planificado? ¿Cuánto encontraste en el camino?
Creo que llegué a ello de manera accidental, porque no tenía ambiciones para que se convirtiera en algo así. Creo que simplemente estaba obsesionado con este tema y comencé a escribir una versión normal en la que hablaba con un experto en hormigón que me hablaba de la composición del material, y empecé a ir a congresos y eventos similares. Usé el material para anclar el trabajo por si acaso nada sucedía, pero a medida que escribía la versión más normal de la película me aburría y me distraía, así que saltaba a otros temas que no estaban relacionados con el hormigón y trataba de encontrar algún vínculo poético entre ellos.
¿Por qué te fijas en aspectos banales y cotidianos, en personas normales haciendo cosas normales?
Creo que las personas y las cosas normales son habitualmente las cosas más estimulantes que puedes ver, porque creo que ver una actividad muy banal se convierte siempre en algo muy emocionante, porque está infrarrepresentada, no se ve tan a menudo. Hay una reacción primitiva en la gente, que consiste en ver a otros hacer lo que hacen. Te da espacio para estar de acuerdo o no con lo que esta persona está haciendo. Te fuerza a interrogarte a ti mismo y también tu propio comportamiento. Si ves a u buen grupo de gente tocarse la cara mientras viaja en metro, empiezas a pensar: “¿Cuántas veces me toco la cara?”. Intento poner en práctica el cine como una herramienta de empatía, como una forma de conectar.
Hablas de muchos aspectos, relacionados con el hormigón o no, también de la emergencia habitacional, que es un problema mundial. ¿Cómo llegas a estos temas?
Creo que hay un poco de previsión. Al principio, empiezo con un título y luego intento ir por ese título en mi cabeza y ver dónde está la conclusión lógica de ese pensamiento. Puedes conseguir temas mucho más interesantes simplemente pensando en ellos a veces.
El humor es una de tus herramientas para conectar con el espectador, pero se trata de un humor imprevisible y que parece llegar casi por accidente.
Pensé que se trataba de un tema emocionante porque fue el tema con el que resulta más difícil hacer humor. Quería hacer una película divertida porque esa es mi tentación. Tener un reto así es algo muy importante para un artista. Puedes tener éxito o fallar, pero el hecho de intentarlo y ser la herramienta es terapéutico y te da la vida.

¿Tienes un objetivo respecto al público, tanto en tu programa de televisión como en este largometraje?
Creo que esto es lo más ambicioso que he hecho antes porque estoy abarcando un arco temporal de mil años. Estoy intentando pensar bien más allá de mi vida y pensar en la forma en que las ciudades son construidas y cómo está realmente levantada físicamente. A menudo lucho con muchas ideas en mi cabeza sobre si el comportamiento cíclico es saludable o no, o si querer constantemente renovar tu ambiente es la naturaleza humana, o si es mejor construir algo que dure miles de años. Pero, al final, nada dura para siempre, así que estás atrapado entre estos dos impulsos. Por ejemplo, Hallmark y sus fórmulas de ficción se ha convertido en la mayor red de televisión de los Estados Unidos. ¿Qué dice eso sobre nuestro nivel de confort con el comportamiento cíclico? ¿Y si una ciudad es una reflexión de quiénes somos como especie? ¿O si necesitamos imponer restricciones para mantener las cosas de la misma manera? No lo sé. Me gusta hacer preguntas en lugar de dar una respuesta directa, porque quiero que el filme sea un punto de partida para una conversación posterior. Vemos eso políticamente en Nueva York ahora, con Zhoran hablando sobre la presencia de los andamios. No significa que me quiera atribuir el gesto más de lo que debería, pero una vez empiezas la conversación, tanto si ofreces o no una solución, otros lo pensarán por ti.
Te sitúas en una posición desde la que hablas de política -en relación con la necesidad de viviendas- pero no demasiado. ¿Te gustaría ir más allá y hablar de algo más grande, políticamente hablando?
Creo que este es el filme más político que he hecho, porque en algún punto tienes que parar de gritar y decir lo que realmente sientes, dentro de ciertos tipos de arte. Y siento que estamos en este punto de transición donde el hormigón ha estado desde hace un siglo, como sabemos, y estamos llegando a un punto en el que creo que muchas cosas que han sido hechas de hormigón van a empezar a fallar. Los edificios se están rompiendo, y eso se ha convertido en una especie de campaña de marketing para esta película. Especialmente con Trump, tienes esta figura que representa la creciente mezcla entre los famosos y el sector inmobiliario. (…) La vivienda debería estar más disponible, en lugar de convertirse en algo solo para unos pocos.
En un momento de la película te encuentras en el acto de celebración del premio de la revista GQ al hombre del año, que se entregó a Kim Kardashian, un supuesto privilegio que contrasta con tu incapacidad entonces para conseguir financiar tu película. ¿Qué hay de real en esto?
Estaba tratando de hacer esta película y me estaba costando. En aquel momento, fui invitado a esa cena, algo extraño y sorprendente, porque no conocía a ninguna de las personas que estaban allí, y tampoco parecía que se conocieran entre ellos. Fue muy aburrido, pero mirando a Kim Kardashian, una figura icónica de estatus y riqueza, empecé a pensar en que esta es la imagen que estamos construyendo.
Has hablado en alguna ocasión sobre la influencia de Agnès Vagda. ¿Qué otros referentes crees que te han servido?
Nick Broomfield es una gran inspiración para mí, porque usa su propio tipo de sonido, así que siempre está grabando el sonido para cada entrevista. Es el instrumento que hace posible el arte. No hay un artífice allí cuando está grabando. Pero no solo desde el cine. Me siento más inspirado por muchos periodistas, y el true crime es un buen punto de entrada porque se hacen muchas cosas muy interesantes formalmente en el modo en que se estructuran las historias. ‘The Stranger beside me’, de Ann Rule, sobre su relación con Jeffrey Dahmer, me parece muy inspirador.
¿Qué significa estar en el Atlàntida Mallorca Film Festival?
Es muy sorprendente estar aquí. No pensé que nadie aquí supiera quién soy yo o que les fuera a importar mi trabajo. Me siento muy lejos de casa, pero siento que estoy en casa al mismo tiempo. Hay muchas rotondas aquí. ¿Es la capital de las rotondas en Europa?
***Este artículo es posible gracias al Atlàntida Mallorca Film Fest.









