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Crítica
‘Memento Mori’, un thriller eficaz centrado en el juego del gato y el ratón por las calles de Valladolid
La serie, que se estrena hoy en Prime Video y se basa en las novelas de César Pérez Gellida, coloca a Francisco Ortiz como inspector y a Yon González como asesino

Protagonizada por Francisco Ortiz y Yon González, principalmente, este viernes 27 de octubre llega a Prime Video la primera temporada de ‘Memento Mori’, serie basada en la trilogía ‘Versos, canciones y trocitos de carne’ escrita por César Pérez Gellida. La oferta es la de un thriller eficaz que empieza en alto en cuanto a misterio, puesta en escena y violencia –es lo que toca en una historia como la que se trae entre manos– y que camina con cierta seguridad por los senderos que marca el género, aunque con algún que otro tropiezo. Si estos tienen más o menos importancia para valorar el conjunto, dependerá de qué busque y encuentre cada espectador a la hora de adentrarse en la serie.
Todo arranca con un cuerpo mutilado a orillas del Pisuerga. Sí, la historia –quienes hayan leído las novelas lo sabrán– se ambienta en Valladolid, una ciudad que, todo sea dicho, funciona a la perfección como lugar lluvioso y agarrotado por el terror que siembra en sus calles la noticia de que hay un asesino en serie entre ellos. Porque de eso trata ‘Memento Mori’, de un juego del gato y el ratón en el que desde el primer capítulo se reparten los papeles. El gato, el cazador, es el inspector Ramiro Sancho, un tipo honesto y de fiar al que da vida un Francisco Ortiz que ya demostró en ‘¡García!’ (HBO Max) y ‘El caso’ (RTVE) lo bien que se le da convertir a un personaje en confiable más allá de la ideología que le toque en suerte y por guion. Ademas, en la adaptación escrita por Germán Aparicio, Abraham Sastre y Luis Arranz le añaden una característica que siempre suma cuando se dibuja al héroe: está dispuesto a renunciar a su vida personal, profesional y hasta amorosa con tal de dar el mejor de los cuidados a su madre enferma. Imposible no empatizar con alguien así.









