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Crítica

'Millennial mal': Lorena Iglesias salta a la comba con el 'cringe'

La nueva serie original de Filmin, presentada en el Festival de Málaga y que también dirige Andrea Jaurrieta, es un fino trabajo de orfebrería en la incomodidad

Málaga·
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Lorena Iglesias en un fotograma promocional de la serie 'Millennial mal'
Lorena Iglesias en un fotograma promocional de la serie 'Millennial mal' · Fotografía: FILMIN

Un cómico, un tocadiscos y una canción, la de la caricatura Mighty Mouse. Con apenas tres elementos y sin la más mínima pretensión filosófica, Andy Kaufman fue capaz de revolucionar la comedia a pulso. El 'stand-up' y el 'slapstick', irreconciliables por el porcentaje de materia gris que le pedían al espectador hasta su irrupción en el panorama televisivo de Estados Unidos, quedaban para siempre hermanados en una ocurrencia tan estúpida como útil para entender el mecanismo casi mágico del humor por incomodidad. El refinamiento de este complejo arte, que ha alcanzado la excelencia a través de figuras contemporáneas de culto como Nathan Fielder o Tim Robinson, halla por fin su eco en nuestro país gracias a 'Millennial mal', nueva serie original de Filmin y aventura tan arriesgada como exitosa que firma la también actriz Lorena Iglesias. Aquí guionista, protagonista y directora -junto a una Andrea Jaurrieta que está sabiendo leer mejor que nadie qué demonios significa ser mujer en la España interseccional de hoy-, Iglesias es capaz de saltar a la comba con el 'cringe', el lache y la brecha generacional, para ofrecer un recital de carcajadas por pura originalidad que ha encontrado su ventana al mundo en el 29 Festival de Málaga.

La serie, dividida en cinco episodios que no llegan a la media hora, es casi un ejercicio meta de estructura formal. Iglesias, con un filtro costumbrista de ficción hegemónica, se presenta al espectador como bibliotecaria aburrida de sí misma y tan antisocial que su círculo se reduce a su propio gato. De repente, la reaparición de una solicitud de beca tramitada hace demasiado tiempo pone a la protagonista ante una situación que hace saltar por la ventana la suspensión de la incredulidad: debe aparentar tener menos de treinta años para poder volver a la universidad. Por el camino, dos aliadas de corte zeta (con trabajos sólidos de dos casi descubrimientos, como Victoria Oliver y Paula Gala); un torpe interés amoroso (siempre desternillante Vito Sanz) y una amiga de siempre, ancla 'boomer', y que aquí tiene el rostro de Isa Calderón, traída hasta la interpretación con cotas notables de saber estar -y decir- frente a la cámara. ¿Por qué, pues, lo meta? Porque aunque 'Millennial mal' se disfrace de algo propio de la factoría de Judd Apatow, su corazón sigue latiendo tan fuerte como el de Kaufman ante una audiencia que no sabe qué esperar de lo que tiene delante.

Lorena Iglesias, Paula Gala y Victoria Oliver en un fotograma de 'Millennial mal'
Lorena Iglesias, Paula Gala y Victoria Oliver en un fotograma de 'Millennial mal' · Fotografía: FILMIN