¿Ya eres parte de Kinótico? Inicia sesión

Sigue leyendo este artículo por solo

0,70€

¡O únete a la comunidad Kinótico con una de las siguientes opciones!

Kinótico Pro

  • 3.99€

    / mes

  • 39.99€

    / año

Kinótico Industria

  • 9.99€

    / mes

  • 99.99€

    / año

* Sin compromiso de permanencia. Podrás cancelar cuando quieras

Crítica

'Mi querida señorita': viaje al centro de la intersexualidad

Fernando González Molina rodea a Elisabeth Martínez de un elenco de lujo, con Anna Castillo y Paco León a la cabeza, para hacer arqueología de la memoria

Málaga·
Publicado:
Elisabeth Martínez en un fotograma de 'Mi querida señorita', de Fernando González Molina
Elisabeth Martínez en un fotograma de 'Mi querida señorita', de Fernando González Molina · Fotografía: NETFLIX

El ejemplo está sobado, pero es la insistencia de nuestro tiempo en representar la memoria como mecanismo de digestión la que lo ha vuelto ejemplo. Hasta que se estrenó 'Paris is burning' (Jennie Livingston, 1990) el cine había vivido un siglo prácticamente de espaldas a la cultura 'ballroom', tan significativa como para ser robada en sus originales por el mainstream como marginal para que las protestas no tuvieran un solo altavoz. Sin embargo, ese mismo año, un jovencito David Fincher y Madonna estrenaron el videoclip de 'Vogue', casi como aliviando un agravio histórico quizá sin ser del todo conscientes. En ese pequeño hueco, en el espacio que va desde la didáctica hasta la dialéctica, se inscribe una película como 'Mi querida señorita', revisión libre del clásico español de 1972 que firma ahora Fernando González Molina, atreviéndose a subvertir la tesis del filme de Jaime de Armiñán con un sentido viaje al centro de la intersexualidad. La película, producida por Javier Calvo y Javier Ambrossi e inequívocamente inscrita en su universo de asimilación pop, compite en la Sección Oficial del 29 Festival de Málaga y es una de las grandes apuestas del año para Netflix.

Como espejo de una película, la original, que causa más reverencia por el ejercicio elástico de José Luis López Vázquez que por sus tesis, la versión de González Molina sabe exactamente hacia dónde va como estudio de personaje. Elisabeth Martínez, protagonista absoluta del filme, sujeto y objeto de cada una de las numerosas secuencias que componen el todo, sujeta la película haciendo que la misma discurra por ella. No se trata de epatar en 'tour-de-force' ni empatar, siquiera, con el bigotillo más celebrado de nuestro cine, sino de hacer nuestro (como espectadores) el camino que recorre tanto su personaje como todo lo que impregna de sí mismo el director en él. La Adela -o A.D.- de esta nueva 'Mi querida señorita' es un cuadro sin terminar que la propia película va perfilando desde el puntillismo a la brocha gorda, pasando por la más delicada de las restauraciones. Alejarse del marco, al final, nos devuelve una composición barroca que sí, simplifica procesos que en otro filme serían crisálida, pero también emociona con el amor con el que el realizador se acerca a la pregunta central de la película: "¿Qué es lo mío?", le llega a preguntar textualmente la protagonista a su madre (siempre exacta, Nagore Aranburu).

Elisabeth Martínez y Anna Castillo en un fotograma de 'Mi querida señorita'
Elisabeth Martínez y Anna Castillo en un fotograma de 'Mi querida señorita' · Fotografía: NETFLIX