Entrevista
González Molina: "Siempre me he manifestado como gay, pero no había encontrado la historia para hablar del colectivo"
Hablamos con el director y la actriz Elisabeth Martínez sobre la nueva versión del clásico de Jaime de Armiñán que compite en la 29 edición del Festival de Málaga
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Es posible que ‘Mi querida señorita’ sea la película más importante y personal de Fernando González Molina. Puede llamar la atención, siendo una actualización de un clásico del cine español que rompió moldes en la España del tardofranquismo gracias a la atrevida mirada de Jaime de Artiñán. “Siempre me he manifestado como persona gay, pero es verdad que no había encontrado qué historia que tuviera sobre el colectivo que contar y cómo hacerlo”, reconoce el director de ‘Tengo ganas de ti’ ante los micrófonos de Kinótico. 17 años después de estrenar en el Festival de Málaga su ópera prima, ‘Fuga de cerebros’, el cineasta navarro vuelve para competir con una de las dos películas españolas que Netflix estrenará en salas este año (el 17 de abril) antes de su estreno en streaming (el 1 de mayo).
De la mano de Javier Ambrossi y Javier Calvo como productores y Alana S. Portero como guionista, en su debut cinematográfico tras causar sensación con ‘La mala costumbre’, la nueva versión de ‘Mi querida señorita’ cuenta la historia de Adela, la solitaria hija única de una familia conservadora. La joven pasa sus días entre la tienda de antigüedades familiar y las clases de catequesis que imparte, marcada por la protección de su madre y el silencio sobre su intersexualidad, que desconoce pero condiciona su vida. Una inesperada y hermosa amistad con un sacerdote recién llegado, el regreso de un gran amigo de su infancia y la irrupción de una mujer, Isabel, provocan una reacción en cadena que lleva a Adela a un viaje en busca de sí misma, de Pamplona a Madrid, donde la identidad necesitará del amor y la ayuda de los demás para revelarse... Un viaje que comparten Portero y González Molina y que acaba saltando a la historia de Adela.
Tras una larguísima búsqueda, el director encontró en Elisabeth Martínez la persona adecuada para dar visibilidad a una comunidad infrarrepresentada en el cine. Es posible que no sea la última vez que la vemos actuar. “Es muy divertido y me lo he pasado muy bien. Si se da la oportunidad, lo haré”, promete una actriz natural que fue descubierta en una de las asociaciones con las que trabajó González Molina en la fase de documentación de la película. “Nos parecía relevante y fundamental que fuera una persona intersex. No tenía sentido hacerla con un actor como en la película original”, explica el cineasta en una larga y reflexiva conversación en la que recuerda el infarto que sufrió durante la producción, obligándole a parar el rodaje y a tener que volver a empezar de cero. Es, de nuevo, una película importante para todos los involucrados.

¿Cómo acabas tú haciendo una nueva versión, aunque sea muy diferente aunque parta de lugares similares de un clásico de los 70 como esta película de Jaime de Armiñán?
Fernando González Molina: Eso me pregunté yo también, qué hago aquí. La verdad es que fue una propuesta de Javier Calvo y Javier Ambrosi. Ellos creían que era interesante recuperar la idea de hacer una versión nueva y actualizada del clásico del 72. Había pasado el tiempo suficiente para que tuviera sentido poner luz sobre algunos de los elementos que en la película original estaban más escondidos, o estaban más en sombra, sobre todo el carácter intersexual del personaje protagonista. Era bonito partir de la película original para poder explicar cómo sería a día de hoy una historia similar a aquella. Es verdad que es una versión, pero es una película muy libre. Partimos de la raspa de la película original para contar ese viaje en busca de quién es Adela o qué le pasa y después nos alejamos para poder construir nuestra propia historia.
Elisabeth, ¿qué hace una chica como tú protagonizando una película como esta?
Elisabeth Martínez: Fer y todo el equipo de preproducción estuvieron buscando a una persona intersex. Yo soy una persona intersex. En la asociación de personas intersex lo comentábamos porque también querían conocer nuestras historias, no solo hacer el casting. Nos preguntaban quiénes iban a hacer el casting y no. Por un resquicio de suerte, una amiga me dijo: "No, no, tú tienes que hacer el casting”. “No, no tengo tiempo, voy a coger un avión”. Ella insistió. “Tú encuentra el momento y hazlo”. Y hasta aquí he llegado.
Los Javis predicaron con ejemplo con ‘Veneno’ reivindicando la importancia de contar historias trans con rostros trans. ¿Cómo fue esa búsqueda de una intérprete intersex?
Fernando: En términos cinematográficos es una comunidad prácticamente no representada, apenas hay cuatro o cinco películas sobre este tema, y menos aún en el cine español. Nos parecía relevante y fundamental que fuera una persona intersex por dos cuestiones. Primero, por una cuestión de visibilidad del colectivo a la hora de contar esta historia. No tenía sentido hacerla con un actor como en la película original, tenía que ser una persona intersex. La segunda es que nos gustaba que compartieran esta condición y que de alguna manera hubiera una conexión emocional. Aunque la historia de Elisabeth no tiene nada que ver con la historia de Adela, sí hay cierta vinculación especial por esa condición común con personas intersex. La búsqueda fue eterna, larguísima, y le dedicamos muchísimo tiempo. Partimos de asociaciones y colectivos para ir buscando no solo a alguien que pudiera actuar el personaje, sino que tuviera una historia personal que también fuera relevante para nosotros. Y así dimos con Elisabeth.

Elisabeth, hablabas de esa vinculación a través del activismo. ¿Qué piensas cuando te ofrecen ser la cara de una comunidad de la que no se habla y encima en una película que se va a ver en Netflix? ¿Te planteó algún conflicto poder convertirte en la cara de la intersexualidad en España?
Elisabeth: No es algo en lo que pensara hasta el otro día. No me dio por verlo así. Me centré más en el proceso de hacer la película. Tenía que aprender a actuar, porque ‘Mi querida señorita’ es la primera cosa que hago. Mi ‘acting coach’ Rubén Martínez me tuvo que enseñar todo. Teníamos que hacer un personaje muy complicado. Eso es lo que tenía en mente hasta hace una semana que alguien lo verbalizó: “Vas a ser un referente intersex”. Ah, pues es verdad, ahora que lo dices. No te sé decir, porque todavía no lo tengo muy ubicado. Quiero hacer un trabajo de divulgación tan bueno como sea posible. Por eso nos estamos apoyando, tanto en la peli como ahora, en Mer Gómez, que es activista y nos está enseñando a poner los puntos sobre las íes en la cuestión porque, a pesar de ser intersex, no vengo un curso hecho. Quiero hacerlo tan bien como pueda, pero de momento lo llevo bien.
Fernando, viendo la película se siente que esta película es personal. Además, te la has llevado a tu Pamplona, a los años 90. ¿Qué hay de ti en ‘Mi querida señorita’?
Creo que hay mucho de mí, yo la siento como una película muy personal por todo eso que dices. Alana Portero, que es la guionista de la película, y yo tuvimos muy claro que la primera parte de la película nos la llevaríamos a Pamplona para contar cosas que tuvieran que ver con conmigo. Además, nos llevamos la película al año 99 para que tanto Alana como yo compartiéramos la edad de la Adela de la película. Teníamos 23 o 24 años en esa época y nos parecía muy divertido poder contarnos a nosotros mismos a través de la película. Aunque el viaje de la película es muy singular, porque estamos contando la historia de una persona intersex, creo que la película habla de aceptarse a uno mismo, de aceptar tu condición, de buscar tu identidad, de saber quién eres y de aprender a construirte el amor propio, que es el amor del que habla la película. Ese ese viaje lo tengo muy claro porque lo he hecho yo también y lo ha hecho Alana también, como mujer trans. Por eso nos parecía bonito aprovechar la historia de Adela para contarnos a nosotros mismos.
La película pone el cuerpo en primer término, una idea que ya estaba en ‘La mala costumbre’. ¿Cómo surge la idea de trabajar con una escritora como ella, uniéndose dos estilos y dos voces tan distintas?
Fernando: Es increíble porque la idea fue idea de Javier Calvo y Javier Ambrossi. Por un lado, me llamaron a mí y me propusieron esta locura y, por otro lado también me dijeron que habían pensado en ofrecerle el guion a Alana. A pesar de que nunca había escrito un guion y de que no nos conocíamos de nada, nos hemos convertido casi en una pareja artística. Nos hemos entendido muy bien: compartimos la misma sensibilidad, nos interesan las mismas cosas, compartimos gustos musicales, gustos cinematográficos... Fue un viaje muy bonito. Ella es una narradora maravillosa, pero claro, le faltaba la parte más técnica de escribir un guion. Cuando me envió el primer acto de la película, para ver qué me parecía, vi de repente que tenía 90 páginas. Le dije: ‘Pero Alana, una película no puede tener un primer acto de 90 páginas, no es una novela’. Ella tenía una capacidad narradora muy bestia y ha sido muy bonito porque compartimos inquietudes con ella, y también con los Javis, y las hemos podido poner en la película.

Estás muy bien acompañada en la película. Tú anclas la película, pero compartes escena con Nagore Aranburu, Eneko Sagardoy, Anna Castillo, Manu Ríos, Lola Rodríguez, Delfphina Blanco, Paco León.. ¿Cómo ha sido compartir este descubrir que eres actriz, y hacerlo rodeada de esos compañeros?
Elisabeth: Para mí todo empieza dos meses antes de conocerles a ellos. Como decía, tenía que aprenderlo un poco todo. Les conocí en los ensayos y en las lecturas de guion, cuando veo el camino que todavía tengo por delante. Son gente increíble. Sigo admirando su trabajo. Cuando veo ‘Mi querida señorita’, es muy difícil salirme de mi trabajo y ser capaz de ver la película, pero hay momentos en que veo a todos estos grandes actores y actrices. Me embelesa un poco y me hace pensar que quiero algún día ser capaz de hacer lo que están haciendo. Quiero lo mismo para mí. Ha sido también muy bonito, me han dado mucho espacio y me he sentido muy acogida, la verdad, por gente tan tan buena y tan profesional.
¿Te gustaría seguir por el camino de la interpretación después de este experimento?
Elisabeth: Me encantaría y me parece precioso. Es muy divertido actuar y me lo he pasado muy bien. Si se da la oportunidad, lo haré.
Hay energías y trayectorias muy distintas en la película. ¿Cómo es equilibrar todo eso y adaptarlo a Adela y a Elisabeth, la actriz que interpretarla?
Fernando: La idea era construir el entorno de actores adecuado. Primero tenían que ser buenas personas, para ayudarnos a que el viaje de Lis fuera lo más placentero posible. Después tenían que ser actores sólidos, con mucha trayectoria, para que pudieran arroparla, porque era el primer trabajo que hacía como actriz, así que la idea era construir construir un reparto que tuviera, como tú dices, una mezcla de energías que fuera evolucionando según evoluciona la película. La primera parte con unas energías más [introspectivas] como Eneko, Nagore, que tuviera algo más de neblina, de lluvia invernal. En ese espacio aparecen los personajes de Anna Castillo y Paco León a dinamitarlo todo con su energía. Después llegamos a Madrid e incorporamos a Manu Ríos, a Lola Rodríguez y a Delfina Bianco, que es una actriz increíble que interpreta a Patricia. Ellos nos tenían que ayudar a hacer el dibujo de la familia elegida de la que habla la película, de esa gente que te ayuda a poder encontrar quién eres. Son fundamentales y, como ha contado Elisabeth en otras ocasiones, es la gran diferencia con la película original. Nosotros hablamos de que necesitas la ayuda de los demás para poder encontrarte a ti.
Hablabas antes de que nunca pensaste que ibas a hacer esta película. La industria tiene esas cosas. Parece que se van a hacer cosas que no salen y otras surgen de repente y sin esperarlo. Hace diez años se dijo que ibas a adaptar ‘La piedra oscura’ y al final la han llevado los Javis en ‘La bola negra’. Has acabado trabajando con ellos en este proyecto. ¿Cómo ha sido encontrarse aquí con ellos como artistas, más allá de esos referentes que compartís?
Fernando: Conozco a los Javis desde que son pequeños. Han pasado muchos años ya. Javi Calvo tenía 18 o 19 y Ambrossi alguno más. Siempre habíamos querido trabajar juntos. Hubo algún intento de colaborar juntos cuando ellos estaban haciendo ‘La llamada’, pero no pudo ser. Fueron ellos los que me llamaron para decirme que tenían muchas ganas de trabajar conmigo. “Hemos pensado en ti para hacer una locura. Queremos hacer ‘Mi querida señorita’ en 2026. Me apunté directamente y sin pensarlo mucho, la verdad. No pensé en la responsabilidad de adaptar y actualizar el clásico. Los Javis han sido muy generosos porque son muy valientes. Son muy valientes con las cosas que hacen ellos, y son muy valientes con las cosas que producen. Donde otras personas quizás te paran o tienen miedo, ellos te piden que vayas más allá, que arriesgues más, que te cuentes a ti. Me acuerdo que Javi Ambrossi siempre me decía: ‘Cuéntate a ti, ponte a ti en la pantalla’. Eso me parece superbonito. Que unos productores te llamen y te digan: ‘Ponte tú en la historia, cuéntate a ti’ me gustó mucho, la verdad.

Muchas veces los actores dicen que no les gusta verse en pantalla. ¿Cómo ha sido enfrentarte a ese proceso, como espectadora y como persona que ha vivido ese viaje desde dentro?
Elisabeth: Yo no siento que haya visto la película, sino que he repasado el examen un par de veces. Veo mis gestos, veo lo que podría hacer mejor, veo de lo que estoy muy orgullosa y me cuesta un poco prestar atención a todo lo demás que está pasando en pantalla. De repente te das cuenta de que hay música, por ejemplo, así que no te sé decir.
Fernando, tú ya habías estado en Málaga con tu primera película, en ‘Fuga de cerebros’. Ahora vuelves para presentar una película que, como decías en redes hace unos meses, había sido una experiencia complicada. ¿Qué se siente al dejar marchar ‘Mi querida señorita’, es como llegar a la meta?
Fernando: Me siento orgulloso de la película, pero no tanto en términos cinematográficos, porque ahí he perdido por completo la perspectiva de lo que la película, sino en términos de la relevancia de la historia. A mí me parece importante contar esta historia, contarla hoy, contar un personaje así y contarlo de la mano de Netflix, que le va a dar una visibilidad enorme a esta historia. Siento orgullo y siento nervios, como se siente cada vez que estrenas una película, pero siento sobre todo el orgullo de haberla podido hacer por circunstancias personales. Para mí fue un rodaje muy complicado porque, bueno, tuve un infarto, enfermé, tuve que parar el rodaje, y tuve que volver otra vez a empezar. Pero eso también me colocó de una manera muy concreta en la historia. De repente fue como si los abalorios del cine se fueran por otro lado y me tuviera que concentrar en poder contar la historia con la ayuda del reparto y del equipo. Fue duro, pero para mí ha sido muy gratificante y tengo muchas ganas de enseñar la película. Quizás es la vez en la que tengo más ganas de que la gente la vea y poder compartirla, poder comentarla y poder hablar de ello.
¿Cómo sientes que esta experiencia te ha te ha cambiado como artista, como persona? Ya contaste una historia queer hace unos años, con el documental ‘The Best Day of My Life’, pero esta es tu primera película de ficción donde hablas tanto y en tanta profundidad de la comunidad LGTBIQ+.
Fernando: Lo vivo de manera natural, yo nunca he estado en el armario. Siempre me he manifestado como persona gay, pero es verdad que no había encontrado qué historia sobre el colectivo que contar y cómo hacerlo. Cuando llegó ‘Mi querida señorita’ me pareció que era el lugar natural en el que aprovechar la historia de una persona intersex para también contar contarme a mí de alguna manera, y contar también a Alana. Ha sido muy natural. Sí es verdad que mi conexión con la peli por todo eso mismo es más especial, porque de alguna manera me veo me veo mucho en ella. Siento que comparto algunas cosas con Adela, ese origen, esa necesidad de encontrarte, esa búsqueda del amor propio. Mucha gente que pertenecemos al colectivo hacemos un viaje muy largo hasta encontrar la manera de querernos a nosotros mismos. Esto lo comparto con Adela. Comparto con Adela hasta el ‘M40’, que es un bar que había en Pamplona en los 90. Todo eso la hace más especial para mí.








