Festivales
José Miguel Beltrán: "Buscamos un equilibrio entre el optimismo y el activismo, no queremos que la gente se deprima en el cine"
Hablamos con el director del Festival de Cine y Derechos Humanos de San Sebastián, que este año celebrará su edición número 23 entre el 23 y el 30 de abril
Difícilmente puede ser más pertinente hablar de derechos humanos en estos momentos. Desde el 23 al 30 de abril se celebrará en San Sebastián la vigésimo tercera edición del Festival de Cine y Derechos Humanos, una cita más que asentada en la ajetreada agenda cultural de una ciudad en la que también se celebran, entre muchos otros eventos, la Semana de Cine Fantástico y de Terror y el Festival de Cine de San Sebastián. A pesar de los tiempos convulsos que atraviesa el mundo, José Miguel Beltrán confía en la pertinencia de invitar a los espectadores a que acudan a las salas de cine a descubrir lo que está pasando en todos los rincones del planeta. “Confiamos en la capacidad que tiene el cine para trascender la cantidad de mensajes analíticos y negativos que nos llegan todo el tiempo”, explica a Kinótico el gestor cultural al mando de los dos eventos clave en la agenda de Donostia Kultura.
La proyección de ‘Palestine 36’, una ficción histórica que representó a Palestina en la última edición de los Oscar, dará inicio a una semana de proyecciones, coloquios y actividades y que reivindica su apuesta por la mezcla de contenidos de ficción y no ficción en su programación. Beltrán repasa los principales reclamos de una edición que anunciaba ayer su programación completa, incluyendo la entrega de un premio de honor a un clásico del cine español como Imanol Uribe, que repasará su trayectoria en la ciudad donostiarra tras la proyección de ‘Bwana’, la película con la que ganó la Concha de Oro en 1996.

¿Cómo se presenta este año el festival en un momento donde se está hablando tanto de derechos humanos y de los atentados contra ellos?
Es más necesario que nunca. En este festival siempre hemos tenido un público comprometido con las cosas de las que se hablan en estas películas, pero a la vez este año sientes más el miedo de que pueda haber un efecto saturación en parte de los espectadores por esa sobrecarga informativa de tragedias que tenemos en el mundo. Confiamos en la capacidad que tiene el cine para trascender la cantidad de mensajes analíticos y negativos que nos llegan todo el tiempo. Creo que los autores del cine abordan estos temas de una forma más profunda, reposada y constructiva, o al menos eso es lo que buscamos cuando estamos programando las películas.
Nos gusta huir de lo más inmediato, como puede ser un reportaje más periodístico o un documental más de urgencia, y buscamos un equilibrio entre la autoría cinematográfica y la pertinencia y la actualidad. Además, somos de los pocos festivales especializados en derechos humanos que incluimos ficciones también. Muchos festivales de cine social o de derechos humanos se acotan al tema documental, pero nosotros insistimos en buscar un equilibrio entre ficción y no ficción. Otro años teníamos igual un 70% documental y un 30% ficción. Este año vamos a estar más cerca de la paridad.
Vivimos en un momento donde hay titulares deprimentes todo el rato. ¿Cómo se consigue que el potencial espectador vaya a la sala?
Estamos hablando de un cine que la mayoría de de veces no está promocionado. Muchas de las películas que se ven en el festival no se van a distribuir en cines, a no ser que la estrenen distribuidoras como La Aventura o Atalante, y otras llegan en alguna plataforma como Filmin. Vender algo que no se conoce es complicado. Lo que hace que tengamos un público tan fiel y mantengamos un buen número de espectadores, y que éste sea estable, es que confían en el criterio de programación. Buscamos un equilibrio entre el optimismo, el pesimismo y el activismo, no queremos que la gente vaya al cine a seguir deprimiéndose o a pasarlo mal con la situación del mundo.
La película de inauguración va a ser ‘Palestine 36’. ¿Era importante abrir con una historia sobre Palestina en un año como este?
Es un tema que siempre está en la agenda del festival y que hemos tratado de muchas maneras. Este año nos parece más relevante que nunca. Hace dos ediciones tuvimos una sesión de cortometrajes comisariada por la directora Annemarie Jacir con cortometrajes realizados en Palestina y además ella fue nuestro premio de honor en 2019. Lamentamos que este año no pueda visitarnos, pero hay razones de fuerza mayor para ella. Apostamos por ‘Palestine 36’ porque es una película de ficción y de memoria histórica que habla de los inicios de esa rebelión contra los británicos. Es una ficción histórica, pero está muy conectada con lo que está pasando ahora mismo a pesar de que nos hable de 1936.
Hay una apuesta del festival por reforzar el cine ficción dentro de la programación. ¿Qué grandes temas vemos en el festival de este año?
Uno de los temas que más hemos visto en los últimos años es la violencia contra contra las mujeres y la situación de las mujeres, la que ha sido y la que es en diferentes rincones del globo. Este año hay varios ejemplos de ello, como ‘À bras-le-corps’, un drama histórico ambientado en Suiza durante la Segunda Guerra Mundial. También veremos un documental muy actual como ‘Sucia’, de Bàrbara Mestanza, que pasó por el Festival de Málaga, o ‘Girls & Gods’, un documental muy interesante dirigido por una de las antiguas integrantes del colectivo Femen y que nos guía a través de la situación de las mujeres en todas las religiones del mundo prácticamente.
También se podrá ver ‘Made in Europe’, Premio del Público en Gijón, una película sobre la feminización del trabajo textil que es una historia ficcionalizada pero muy real. Si nos lo propusiéramos, podríamos hacer un festival de alta calidad que estuviera centrado en historias de mujeres, tanto de ficción como no ficción. Una cosa interesante es que la representación de la mujer detrás de las cámaras en el mundo del documental es mucho más destacada que en el terreno de la ficción.
Los festivales también sirven para insuflar de vida a las ciudades desde un punto de vista cultural. En San Sebastián es diferente, porque es una ciudad con una vida cultural muy importante. ¿Es un reto sacar la cabeza con tanta competencia?
Como sabes, nosotros somos los mismos que organizamos la Semana de Terror. Somos el equipo de cine del Ayuntamiento, Donostia Kultura. Tanto la Semana de Cine Fantástico y de Terror como el Festival de Cine y Derechos Humanos son los dos proyectos de mediano formato que mantienen nuestro equipo de trabajo y que atraviesan la programación para el público local y vasco, aunque también ayudemos en otros ciclos y eventos. Ambas citas mantienen su atractivo para la audiencia por esa educación cultural que tiene San Sebastián. Es algo que no solo afecta al cine. Pasa también con la música, con el festival de jazz, con una feria de teatro… Somos una ciudad pequeña, pero con una oferta cultural envidiada por ciudades con muchos más habitantes.
En los años que llevo en esta responsabilidad, que ya son 15, no he visto grandes bajones en el interés de la gente. Mientras les sigamos dando una oferta seria en ambos festivales y mientras el apoyo de las instituciones dure, que en nuestro caso son los organismos vascos y locales, y el ICAA en el festival de derechos humanos, todo debería seguir por el buen camino. Formamos parte de una red de festivales internacionales de derechos humanos, la Human Rights Film Network, y somos el festival español más antiguo en estar, además de uno de los fundadores. Este tipo de certámenes de pequeño o mediano formato son muy necesarios para dar esa vida a las ciudades y para dar importancia a nuestras películas.
Cada día tenemos al equipo de una sola película al que cuidamos también con una presentación de prensa. Una parte importante del festival, a veces tan importante como las propias películas, son los coloquios. A veces ni siquiera tenemos a los cineastas en la sala e invitamos a personas expertas de nuestro entorno o de toda España que pueden hablar de ese tema y acercarlo al público de aquí. Nos gusta cuidar la agenda de personalidades y que haya gente que aporte cosas que van más allá de las películas.
¿Cuál será el premio honorífico de este año?
El premio de este año va a ser para Imanol Uribe, un cineasta vasco que continúa en activo aunque sus últimas películas no hayan hecho tanto ruido como antaño. Es un cineasta que siempre se ha caracterizado por una sensibilidad social y sociopolítica importante en su cine, desde el terrorismo, al conflicto vasco o la migración. Imanol ha elegido ‘Bwana’ para su proyección en el festival. Es una película que deberíamos rescatar hoy en día y sobre la que va a girar el coloquio que repasará toda su carrera. Uribe se une a un listado de homenajeados como Robert Guediguian, Laurent Cantet, Icíar Bollaín.. que han recibido ese premio por ese compromiso social.









