Festivales
Júlia Olmo, directora del Festival de Santander: "No queremos crecer en tamaño, nos interesa ser un espacio íntimo y cercano"
La directora del certamen habla con Kinótico sobre las claves de esta edición, el foco en nuevos creadores y temas como la presencia de mujeres en los festivales
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***Este artículo es posible gracias al Festival de Cine de Santander, que celebra su edición número 10 entre el 11 y el 17 de septiembre
Júlia Olmo cumple su segunda edición al frente del Festival de Cine de Santander, que arrancó el pasado viernes 11 de septiembre y que celebra su décimo aniversario. Este cumpleaños sirve a su responsable para reflexionar sobre el lugar que ocupa el certamen cántabro en el paisaje de festivales de toda la geografía nacional, y también para sacar pecho sobre el foco permanente en los nuevos creadores, que la organización ha extendido a las primeras creaciones de cineastas ya consagrados, con el fin de establecer una conversación permanente sobre la experiencia creativa.
La directora de este festival ha hablado con Kinótico un año más sobre los deseos de cara al futuro, la estrategia para involucrar al público en las actividades, el papel de los festivales en el presente, la búsqueda de conexión con otras disciplinas artísticas, pero también de otras cuestiones más allá del propio festival, como es la escasa presencia de la mujer en los certámenes más relevantes del circuito audiovisual o el lugar que ocupan las cuestiones que van más allá de lo estrictamente cinematográfico.
Este festival cumple 10 años desde su primera edición. Cuando uno sopla las velas de la tarta reflexiona sobre el tiempo que ha pasado, pero también pide deseos. ¿Cuál es el balance en el caso del certamen y qué ideas se tienen en mente de cara al futuro?
Me incorporé como directora en marzo de 2025 y esta es mi segunda edición. El balance mirando atrás lo puedo hacer en conjunto con el equipo y creemos que es un festival que ha crecido. Empezamos como muestra de cine, luego como semana y en los últimos años como festival. Nuestro propósito nunca ha sido ni será competir con otros festivales como son San Sebastián, Málaga, Seminci, Sitges y los que todos tenemos un poco en la cabeza, que creemos que ya tienen su espacio. Nuestro propósito siempre ha sido encontrar nuestra identidad como festival y creemos que a lo largo de estos 10 años hemos encontrado esa personalidad y ese espacio en un festival sobre todo dedicado a nuevos talentos, a cine español, latinoamericano, centrado en primeras y segundas películas, y también mirando a los comienzos. Este año hemos dado una vuelta a la Sección Orígenes, que es muy especial para nosotros, fijándonos precisamente en los comienzos de directores como Fernando Trueba, Montxo Armendáriz o Isabel Coixet, porque creemos que también nos interesa enfocarnos en los cineastas que comienzan con sus primeras, segundas películas, pero que el festival, además de poner en valor películas, también sea un espacio de encuentro entre creadores, los que empiezan y los que ya tienen una carrera más consolidada, y que podamos crear un espacio de diálogo e intercambio de experiencias.
Esta es tu segunda edición al frente del festival. ¿Cuál quieres que sea tu huella, o quizás es demasiado pronto y de momento basta con permitir que las cosas fluyan y funcionen?
Los festivales los hacemos un equipo. Entonces, siempre pienso un poco en conjunto sobre lo que nos gustaría a todo el equipo como festival, porque también es el equipo quien ha estado detrás. Siempre intentamos tener como una visión en conjunto. Nuestro granito de arena, el que nos gustaría dejar en el panorama de festivales nacionales -también nos enfocamos a nivel internacional porque la mitad de la programación es de cine latinoamericano- es ser ese espacio de acogida de primeras, segundas películas, de nuevos talentos. No me refiero a nuevos talentos en el sentido de jóvenes, sino también cineastas que están empezando. Nos gustaría ser un espacio de acogida a este nuevo talento y también ser un espacio de encuentro, por ejemplo, con la actividad que introducimos el año pasado de diálogos entre cineastas, que ha tenido muy buena acogida entre el público. Este año hemos duplicado los diálogos porque creemos que es una actividad muy importante y que los festivales de cine también tienen que ser ese espacio de encuentro. No queremos crecer en tamaño porque creemos que ese espacio de grandes festivales a nivel español y también internacional ya está muy consolidado. Están San Sebastián, Málaga, Sitges, que lo hacen fenomenal, tienen su espacio, tienen una larga trayectoria. No queremos crecer en tamaño también porque nos interesa crear un espacio más íntimo, más cercano, donde los cineastas tengan no solo ese espacio de debate con nuestras actividades, sino también a nivel íntimo de intercambio, que cineastas más consolidados y otros que están empezando puedan tener esos encuentros en los espacios fuera de las actividades que en otros lugares es más complicado.
¿Hay aquí también una estrategia para abrir el festival a la ciudad?
Efectivamente, sí. Nosotros siempre lo pensamos. Siempre hemos sido un festival más de público. Hacemos el festival pensando en el público de la ciudad y en el público que pueda venir, de invitados y a nivel de programación de películas que puedan llegar. También queremos descubrir películas que de otro modo no llegarían a un público más general, que son estas primeras, segundas películas, ya sean españolas o latinoamericanas. Intentamos que haya una selección variada de distintas regiones de Latinoamérica, porque precisamente hay producciones de regiones a las que cuesta mucho llegar luego a nivel de distribución aquí a España. Intentamos cuidar mucho eso y también que haya un equilibrio entre ese cine que cuesta más, ya sea por el tipo de cine más independiente, más autoral, aunque no sé si la palabra exacta es autoral, pero que también haya un equilibrio entre ese cine que cuesta más, que atrae de primeras menos al gran público y otro cine más comercial. Intentamos que haya ese equilibrio entre la programación y también que, a nivel de actividades, con las mesas redondas, los diálogos o con los coloquios, con esta sección que comentaba de orígenes que puedan atraer a un público diverso. Creemos también que el cine está conectado con otras artes, como es la literatura y la música, y nos gustaría también abrirlo y mostrar que va de la mano con otras artes, abrirlo, con estos encuentros, a creadores de otras disciplinas, como por ejemplo la literatura.
Con la reciente apertura de Faro Santander, que se suma a la programación propia del Centro Botín y a lo que en no mucho tiempo será una nueva sede del Reina Sofía con el Archivo Lafuente, ¿cómo se beneficia el certamen con estos cambios culturales que vive desde hace unos años la ciudad?
Es algo muy positivo para la ciudad. Son actividades y propuestas de distintas disciplinas, pero creo que no tenemos que perder nunca de vista que las artes están conectadas. Muchas veces el cine engloba a la literatura, también a las artes plásticas y a la música. Estamos en conversación con Faro Santander y ahora ha coincidido -una coincidencia que es bonita- la inauguración de Faro Santander con el festival y estamos trabajando para que este año podamos ir con actividades de la mano. Es algo que nos va a aportar a todos y sobre todo a la ciudad, que vayamos con propuestas unidas.
Hay una pregunta a la que los periodistas volvemos constantemente: ¿Qué papel o qué misión tiene un festival en 2026? ¿Es más protagonista que nunca?
Es una época cada vez más complicada, ya no solo con el auge del streaming, que de eso ya hace bastantes años, o con las redes sociales, donde parece que todo va muy rápido y que es instantáneo. Hay muchos estrenos, vivimos una época donde se estrenan prácticamente cada semana películas, que me parece algo positivo, pero también es algo complejo. Lo más bonito de una película es que perdure en el recuerdo de los espectadores y con las redes sociales parece que se deba tener un juicio, una opinión, pero después se olvida. Precisamente por ello creo que los festivales de cine tenemos un papel fundamental como prescriptores de películas, de poner en valor producciones que igual no llegarían o a las que les cuesta llegar a las salas o cuando llega pasa esto.
Es interesante tener actividades que van unidas en las películas, por ejemplo, el encuentro de Sorogoyen, para que los espectadores conozcan lo que hay detrás de esa película, los procesos de creación. No solo el director, sino todo el equipo que ha trabajado en esa película. Por todo lo que estamos viviendo, con tanta oferta simultánea, no es que pasen desapercibidas, sino que parece que se pisen unas a otras y olvidamos muy fácilmente. Nos gustaría como festival intentar dejar nuestra pequeña aportación para que eso no suceda, para que las películas perduren en nuestro recuerdo.
Es curioso porque esto que cuentas también parece que es la misión de la Sección Orígenes, volver a esas primeras películas.
Sí, ese es el propósito. Hablé mucho sobre esto con Álvaro Longoria, copresidente del festival. Somos un certamen dedicado a nuevos talentos (...), pero precisamente creo que lo interesante cuando uno empieza es también tener referentes, ya no solo en el cine sino en la literatura. Al final todas las obras son un poco un plagio de otras. Cuando un cineasta o un escritor crea siempre tiene en la mente esas películas o cineastas que le hicieron querer escribir y nace un poco de la idea de fijarnos en esos comienzos. Este año, con películas tan maravillosas como son 'Ópera Prima', de Fernando Trueba, o 'Tasio', de Montxo Armendáriz, para hacer memoria y ver de dónde venimos. Dialogar entre ese pasado y ese presente que creemos que es fundamental y del que cineastas como Trueba han sido la inspiración.
Y también acogéis por supuesto lo que está pasando ahora mismo en el cine español que es tan importante. Tres películas que han pasado por Cannes, además de la última Concha de Oro. Coincide también que en el tiempo que dura el festival se anuncia la película que va a representar a España en los Oscar.
Siempre tenemos esa bonita coincidencia de que el festival coincida con el anuncio de la película seleccionada. El año pasado tuvimos a Oliver Laxe y este año no sabemos qué va a pasar. Tenemos a Sorogoyen aquí pero no coincidirá en las fechas, y también a Esther García y Agustín Almodóvar, además de Alauda Ruiz de Azúa. Javier Ambrossi y Javier Calvo están en Estados Unidos y desafortunadamente no han podido estar. Lo intentamos porque además la película está grabada en Cantabria y ellos tenían muy buena predisposición a venir. Siempre tenemos esta bonita coincidencia. Intentamos fijarnos también en lo que pasa en el panorama cinematográfico español, tenemos esa selección de proyecciones especiales, más allá de esto puntual de los Oscar. Es una coincidencia que siempre ha sido algo bonito. También nos fijamos en Cannes o en la Berlinale, que siempre tienen muy buena selección de primeras y segundas películas latinoamericanas. Los festivales tenemos que ir de la mano y fijarnos qué pasa en unos y en otros. Siempre intentamos que esa sección que tenemos fuera del concurso de proyecciones especiales sea una muestra, ya no sólo de lo que ha pasado en los festivales, sino a lo largo del año y de la temporada.
¿Cómo mira el Festival de Santander al lugar que ocupan las cuestiones que van más allá de lo cinematográfico, con todo lo que se ha hablado después de la Berlinale, de Cannes y ahora en Venecia? ¿Cómo se puede equilibrar?
Los festivales de cine no dejamos de ser algo que pasa en el mundo, donde hay un contexto y creemos que girar la vista atrás es algo que es un poco absurdo. Aunque no nos gusta la palabra escaparate, sí que se muestran distintas visiones, distintas perspectivas, porque al final las películas son una mirada sobre el mundo, sobre las cosas, sobre lo que uno piensa y sobre lo que nos pasa como sociedad. Girar la vista y mirar hacia otro lugar es algo absurdo, porque el conflicto de Gaza está pasando, lleva muchos años, mucho tiempo, más de lo que debería y es algo que creemos que los festivales de cine tenemos un papel. El cine al final es una visión sobre el mundo y siempre hay una mirada política, porque es una mirada sobre las cosas y sobre lo que nos pasa como seres humanos y como sociedad. No tenemos que mirar hacia otro lugar, sino formar parte de la sociedad, estar conectados.
A la presidenta del jurado de Venecia, Maggie Gyllenhaal, se le preguntó por la escasa presencia de mujeres en la Sección Oficial y por la forma en la que se valoraban los asuntos que abordaban y su mirada. ¿Cómo ves esta cuestión?
Es importante no perder de vista eso de que sí, hay algunas cosas que van intrínsecas a lo que hemos vivido y por lo que somos, pero también tenemos que abordar desde la complejidad. Sobre el tema de las cuotas es algo que yo hace unos años tenía dudas. Desde los festivales de cine o desde los espacios de programación cultural nos encantaría que hubiese ese equilibrio, pero desgraciadamente no lo hay en los equipos y también creo que pasa en las películas. Hay una desigualdad que aún es evidente y creo que las cuotas sí que cumplen ese papel. Partimos de una posición desigual y creo que hay que llegar a ese equilibrio. Las cuotas en algunos oficios sí que hacen que no haya esa desigualdad tan evidente. (…) Desde la programación de películas nosotros no trabajamos con cuotas en el caso de nuestro festival. Tenemos un equipo mayoritariamente femenino y en nuestra programación el año pasado había una mayoría de directoras. Es algo que nos ha surgido de forma natural sin establecer cuotas, pero puede suceder que no, así que creo que sí que hay que velar porque no haya desigualdad.










