TRIBUNA
La búsqueda, la inquietud, el nervio y la sonrisa. Lo que nos deja José Luis Cienfuegos
El director de Kinótico recuerda al director de la Seminci de Valladolid, fallecido este martes, en una tribuna que recuerdan su carácter de gran "buscador"

El sol abrasador de este otoño raro en la Ciudad de México, donde me ha pillado la noticia de la muerte de José Luis Cienfuegos, no ha sido capaz de calentar la sangre congelada, paralizada, fruto de la sorpresa. Que las muertes tempranas son injustas es un lugar común que afecta a las floristas, a los barrenderos y a las ejecutivas de las multinacionales: las muertes tempranas de quienes han hecho mucho bien y tenían aún mucho más bien por hacer son injustísimas. No solo por la tristeza que genera la persona que se va, sino por el vacío de la proyección de lo que esa persona podría seguir siendo y de lo que podría seguir aportando. Se han ido la realidad y la posibilidad, y eso es muy duro de asumir.
Muchas son las crónicas que destacan hoy que Cienfuegos, a su paso -fundacional- por Gijón, Sevilla o Valladolid fue un renovador de los festivales de autor, como programador y como gestor. Sobre todo como gestor, posición tan menospreciada. Se quedan cortas esas crónicas. Más que renovar, buscaba. El que renueva tiene un objetivo y en la propia renovación encuentra su cumplimiento. Un buscador como José Luis no tenía meta, porque la meta se alejaba en cada recodo del camino. Buscó adaptarse a los nuevos tiempos narrativos, buscó a las audiencias jóvenes, buscó ser la argamasa de la industria independiente… y también buscó y rebuscó entre los medios de comunicación. Por eso su mirada sobre Kinótico, siempre bondadosa y alentadora, no se me va a olvidar nunca.
Entendió que este medio se alimentaba de su mismo espíritu de búsqueda e inconformismo. Nos abrazó con fraternidad -es decir, sin paternalismo- allá donde estuvo, y particularmente al frente de la Seminci de Valladolid. Sus nervios sonrientes y su inquietud eran contagiosos. Había en él esa ambición que mueve el mundo, porque Cienfuegos arrastraba consigo al mundo en su búsqueda. Quien estuvo a su alrededor no tuvo más remedio que moverse y aprender, aprender con él. Me parece que su marcha nos deja una lección valiosísima: la de que la búsqueda, el nervio y la inquietud merecen la pena. Y en un sector como el del cine -el audiovisual en general-, todavía más.
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