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Tribuna

Historias del mundo real que nunca debieron escribirse

Desde los orígenes del cine, el tren ha sido escenario de gran variedad de historias, pero no todos los viajes llegaron a su destino, una innegable metáfora de la vida

Madrid·
Publicado:

Actualizado:

Adam Sandler en un fotograma de la película 'Jay Kelly'
Adam Sandler en un fotograma de la película 'Jay Kelly' · Fotografía: Netflix

A los Premios Feroz se va en tren. En ese trayecto se despliega una coreografía familiar, pero distinta a la habitual. Rostros conocidos con y sin gafas de sol, representantes y jefes de prensa que esta vez no afinan agendas ni negocian tiempos, sino que conversan como amigos, como compañeros de vida. Productores y periodistas que cargan mochilas junto a porta trajes cuidadosamente doblados. Hay cafés que van y vienen, saludos que se repiten de año en año, abrazos cariñosos, conversaciones serias interrumpidas por risas espontáneas. Un revoloteo incesante. Incluso perros guía, recordándonos que el viaje también es acompañamiento. Es uno de esos pocos momentos en los que comunicadores y celebridades comparten sin armaduras ni fachadas, cuando el oficio se suspende y queda algo más simple: el viaje.

El cine, como la vida, se mueve. Y mucho de lo que somos ocurre en tránsito. El recorrido, el desplazamiento, la espera. A veces turbulento, a veces cadencioso. Por eso los trenes han sido siempre un contenedor privilegiado de historias. En ellos hemos visto personajes que se enamoran, otros que se encuentran consigo mismos. Están quienes huyen y quienes regresan, quienes perdonan y quienes condenan. Trenes que llevan a destinos fatales y otros construidos para salvar. También sus márgenes narran: las casas pegadas a las vías, las vidas que crecen al lado del ruido, lo periférico, lo que nunca ocupa el centro del plano y sin embargo sostiene el paisaje.

No es casual que el cine vuelva una y otra vez a ese espacio intermedio

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