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Crítica | Series

'El caballero de los siete reinos', una incursión más disfrutable y amable en el violento Poniente

El segundo spin-off de 'Juego de tronos' se aleja en objetivos y perspectivas de la serie madre y ofrece una ficción más amable y centrada del mismo universo voraz

Madrid·
Publicado:

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Peter Claffey y Dexter Sol Ansell en un fotograma de la serie 'El caballero de los siete reinos'
Peter Claffey y Dexter Sol Ansell en un fotograma de la serie 'El caballero de los siete reinos' · Fotografía: HBO Max

La primera temporada de ‘El caballero de los siete reinos’, que hoy mismo debuta en HBO Max con su primer episodio y a la que los medios hemos tenido acceso por completo, es, con diferencia, la mejor primera temporada de las hasta ahora tres series basadas en la obra de George R. R. Martin. Mejor de lo que lo fue ‘Juego de tronos’ hace 15 años (¡15 ya!) y superior a la entrega inicial de ‘La Casa del Dragón’ (2022). Soltada la pedrada y con el 95% de los fans de ‘Juego de tronos’ que lean estas líneas llevándose las manos a la cabeza, la argumentación, el porqué de esta afirmación. Básicamente (aunque en párrafos sucesivos se descubrirán más) por dos motivos: no se toma en serio a sí misma dejándose arrastrar por ese afán de importancia del primer spin-off y no tira del efectismo mortífero.

Ira Parker, cocreador junto con George R. R. Martin, plantea en esta primera entrega de seis episodios un viaje del héroe clásico basado en la premisa del pez fuera del agua al tiempo que apuesta por un tono un tanto gamberro (y escatológico) para romper el hielo y el molde. Aquí, el caballero al que hace alusión el título, Ser Duncan el Alto, se presenta ante el espectador y sus rivales en el barro como un joven tan ingenuo como valiente (incluso puede que algo temerario) y tan idealista como bonachón. Su cruz es que día sí y día también ha de sobrevivir en un mundo hostil sin medios ni aliados. Él solo quiere honrar a su mentor, que quizá no fue el mejor, pero es el que tuvo, y hacerse un nombre entre aventuras heroicas, la defensa de los débiles y desfaciendo entuertos. Pero, mientras él solo quiere ser un caballero errante en tierras de Poniente, las rivalidades y la idiosincracia de los reinos que conforman ese mundo no dejan de ponerle la zancadilla. Rodeado de nobles entregados a las conjuras y los placeres carnales, de caballeros borrachos, violentos y vividores y de damas que se burlan de él por su ingenuidad, el bueno de Dunk inicia un periplo cual Quijote enfrentando sus propios molinos y dándose de bruces con una reglas del juego un tanto torticeras. También tiene algo de Ted Lasso medieval. Quizá porque, como el segundo, aterriza en un mundo donde hablan su mismo idioma, pero imperan otras reglas.

Porque este Poniente es igual de crudo que el de ‘Juego de tronos’ o ‘La Casa del Dragón’, aunque la acción transcurra un siglo antes que en la primera y el foco se ponga en un personaje con demasiado buen corazón en comparación con los que pululan en los otros dos títulos. Aquí también hay algún Baratheon, muchos Targaryen (ocupan el Trono de Hierro) y algún que otro apellido conocido. La ambientación medieval y el tema principal de Ramin Djawadi la enmarcan como parte del mismo todo. Además, la violencia y la lucha por el poder son las mismas. No faltan la sangre, los huesos rotos y algún que otro muerto. La gran diferencia es que en lugar de poner el foco en los personajes que alimentan esas dinámicas, ‘El caballero de los siete reinos’ le entrega el protagonismo a un solo personaje que desprende cierta luz. Estaba en el guion. Y cobra vida con la forma de Peter Claffey, un exjugador de rugby de casi dos metros de altura y con acento irlandés. Su tamaño suma una muesca más a esa sensación de pez fuera del agua en la que vive inmerso. Está tan fuera de de lugar que se golpea en la cabeza al entra en una habitación.

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