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Opinión

¿Nos estamos atreviendo a desear más o a hacerlo sin castigo?

El sexo lleva décadas ocupando un gran espacio en la pantalla. A veces como provocación, otras como reclamo, pero casi siempre como síntoma de algo más.

Madrid·
Publicado:
Nicole Kidman en un fotograma de 'Babygirl', dirigida por Halina Rejin
Nicole Kidman en un fotograma de 'Babygirl', dirigida por Halina Rejin · Fotografía: Diamond Films

Quizá el verdadero tabú nunca fue el sexo, sino el deseo. Lo que durante mucho tiempo resultó menos habitual fue ver a una mujer, especialmente en la mediana edad, preguntarse qué quiere sin que la narración se apresurara a castigarla por ello. Durante años, el cine permitió a los hombres desear. A las mujeres, en cambio, les concedió con más frecuencia el lugar de ser deseadas. La diferencia parece sutil, pero cambia toda la historia. Quien desea actúa, se equivoca, rompe algo, toma decisiones. Quien es deseado espera. Quizá por eso resulta tan revelador el auge reciente de películas y series en las que el deseo femenino ya no aparece como una amenaza moral, sino como una forma de identidad.

Ahí se inscriben ‘Babygirl’ (Halina Reijn), ‘Deseo’ (Teresa Simone), ‘La idea de tenerte’ (Michael Showalter), ‘Dying for Sex’ (Shannon Murphy y Chris Teague), ‘La sustancia’ (Coralie Fargeat), ‘Una aventura en Marruecos’ (Susannah Grant), ‘And Just Like That’ (Michael Patrick King, Anu Valia, Cynthia Nixon, entre otros)… o incluso la última de Bridget Jones (Michael Morris) participan, desde lugares muy distintos, con sus aciertos y problemas, de una misma conversación: qué ocurre cuando una mujer deja de vivir solo en función de lo que esperan de ella y empieza a preguntarse qué quiere para sí misma. Lo interesante no es que estas historias hablen de sexo, sino que el deseo deja de funcionar como pecado narrativo. Antes, la mujer que deseaba demasiado solía acabar sola, humillada, castigada o convertida en advertencia. Era la egoísta, la mala madre, la ridícula, la que no sabía aceptar el paso del tiempo. Ahora no siempre acaba feliz, pero el relato ya no parece tan empeñado en corregirla.

“
"Nombrar el deseo también exige responsabilidad, escucha y una relación más honesta con una misma"