TRIBUNA

El tercer premio para 'NAZA' en la Mostra de Venecia 2026 rehúye la gran función de los festivales: reconocer la urgencia del cine

Un año después de que se le escapara el León de Oro a 'La voz de Hind', el jurado de Maggie Gyllenhaal vuelve a dejar sin el máximo premio a la causa palestina

Venecia·
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Los directores Yuval Abraham y Rachel Szor posan con el Premio Especial del Jurado del Festival de Venecia 2026 para 'NAZA'
Los directores Yuval Abraham y Rachel Szor posan con el Premio Especial del Jurado del Festival de Venecia 2026 para 'NAZA' · Fotografía: GETTY

Hace doce meses y una semana -porque la Mostra de Venecia ha reajustado sus fechas en este 2026-, Alexander Payne realizó una afirmación polémica durante la rueda de prensa posterior a la gala de clausura de la edición 82: "No podemos dar un ex aequo, pero como jurado apreciamos las dos películas igualmente, de verdad, cada una por unas razones. Deseamos a las dos películas una vida larga e importante, y si una ha recibido un premio por encima de la otra es por un 0,000001%, porque hay que tomar algún tipo de decisión". El director estadounidense, que presidía el jurado, justificaba la victoria de 'Father Mother Sister Brother', de Jim Jarmusch, sobre 'La voz de Hind', de Kaouther Ben Hania, de esa forma tan polémica. Aquella noche la forma artística venció a la urgencia política del genocidio en Gaza, y más allá de que la decisión fuera cuestionable, la argumentación de Payne resultó terriblemente desacertada y cobarde.

Este sábado, el Premio Especial del Jurado para 'NAZA' (el tercer premio del palmarés, en definitiva, que solo aparece en determinadas ocasiones porque no se entrega todos los años) ha reconocido de forma muy escasa a un documental radical en su sobriedad formal pero de altísimo voltaje en su mensaje: 24 soldados o altos cargos de la inteligencia militar israelí exponen la matanza sistemática de palestinos por parte del gobierno de Netanyahu. El genocidio -y los drones, la IA y las contraseñas que lo facultan- completamente al desnudo. Por encima han quedado 'Possible Love', ese artificio cinematográfico delicioso en su forma (y ojo, también pertinentísimo en su mensaje) que firma Lee Chang-dong y que se lleva el Gran Premio del Jurado, y 'Woman Unknown', la única cinta dirigida en exclusiva por una mujer (la danesa May el-Toukhy), de gran rotundidad y solvencia, que se hace con el León de Oro. La actriz Maggie Gyllenhaal ha respondido así a la pregunta que ha sobrevolado esta Mostra: ¿qué se hace con 'NAZA'?

El jurado solo tenía dos opciones: la primera era darle el León de Oro y corregir la torpe decisión de Payne en 2025, reconociendo la urgencia de la cinta y catapultándola automáticamente a la 'longlist' del Oscar a la Mejor Película internacional; la segunda era generar un espacio para ella en el palmarés que reconociese su valía pero no entorpeciese los laureles de las películas de valor "clásico", refugiadas en la forma artística. Y esto es por lo que se ha optado. El resultado es, un año más, que la película relevante sobre la herida palestina, abierta en canal, no se considera suficiente como para llevarse el máximo premio: el único, a fin de cuentas, que trasciende hacia el público y que puede convocar algo de atención en el mundo fragmentado y multipantalla en el que vivimos. Ojalá Rachel Szor y Yuval Abraham construyan una buena carrera que les permita volver a pelear por el Oscar al Mejor Documental.

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"Solo había dos opciones: el León de Oro o generar un premio que reconociese su valía pero no entorpeciese los laureles de las películas de valor 'clásico'"

No nos confundamos: que May el-Toukhy haya vencido en Venecia es una buenísima noticia. En el Lido ha habido varias mujeres con León de Oro en los últimos años -la última, Laura Poitras en 2022-, pero esta edición era especialmente singificativa, porque hasta la llegada de 'NAZA' a la selección, la película danesa era la única dirigida por una mujer. Y encima cosecha dos premios, porque la actriz Mathilde Arcel (fantástica en su papel de doncella venida a más perseguida por su pasado) sale con Copa Volpi de la ceremonia. Sin embargo dos afirmaciones pueden ser ciertas al mismo tiempo: al elegir a la única cineasta en competición -con excepción de Szor-, el jurado evita elevar a 'NAZA' y la relega a la casilla del reconocimiento inevitable: el de una película que no se puede ignorar pero a la que tampoco se puede glorificar. Si los festivales de cine no asumen como misión reconocer al cine urgente, a ese que quema entre las manos, se acabarán convirtiendo en museos polvorientos desconectados del público.

Hoy las películas frágiles -y la gran mayoría de las que se lanzan en festivales lo son- necesitan herramientas potentes para trascender, para encontrar su camino hacia un público cada vez más fragmentado y multipantalla. Y con los premios, que forman parte de esa paleta de herramientas, los jurados tienen en sus manos no solo la expresión de su gusto, sino el deber de servir al festival que los convoca y a la comunidad cinematográfica internacional. Reconocer con los principales galardones solo a las cintas que expresan una calidad "tradicional", refugiada en la forma (sea canónica o rompedora) es una mirada antigua al sector que empieza a no servir en el siglo XXI. La audiencia global difícilmente va a atender a un titular que vaya más allá del León de Oro, y ni siquiera así se asegura que quiera comprar una entrada de cine. El trabajo de un jurado es afinar el cruce entre calidad artística y urgencia política para elegir bien el tiro, ese único tiro que permite cada palmarés de un festival de clase A.