Entrevista

Manuel Manrique transforma y adapta 'Una cabeza en la pared' al largometraje: "Buscaba indagar en un mundo crepuscular"

Vaqueros erráticos en un Madrid retrofuturista. Así será el largo del corto nominado al Goya, con Nacho Sánchez, Iria del Río, Miguel Bernardeau y Kandido Uranga

Barcelona·
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Iria del Río, Nacho Sánchez dirigidos por Manuel Manrique en una fotografía del rodaje de 'Una cabeza en la pared'
Iria del Río, Nacho Sánchez dirigidos por Manuel Manrique en una fotografía del rodaje de 'Una cabeza en la pared' · Fotografía: Filmax

El torero al que Nacho Sánchez encarnó confundido, rabioso y titubeante, en el cortometraje 'Una cabeza en la pared', se abría a un calado profundo y literario. Quizás por ello, la puesta en película de mismo título presentada en el D'A Film Lab Barcelona y en pleno proceso de montaje, se reconoce de nuevo como “un viaje identitario, de descubrimiento interior”, según contaba su director, Manuel Manrique, a Kinótico.

En lo argumental eso pasa por desarrollar la historia de Rafael Jesús, el torero de ojos siempre ligeramente inquietos e inquietantes, expandiendo su tanteo existencialista en tres direcciones. Puede apoyar la lista de un partido político que promete restaurar la tauromaquia, a cuyo representante vestirá Miguel Bernardeau (‘Querer’), “una forma de volver al pasado”. “Por otro lado, hay una artista contemporánea que lo ve como algo más allá de un torero, como un artista. Eso lo lleva a dudar de si reinventarse en este mundo nuevo”. Ella será Iria del Río (‘Los años nuevos’). Kandido Uranga (‘Maspalomas’) abre la tercera vía, “como una figura mítica dentro de la tauromaquia”, un maestro de toreros que se deja morir con el oficio.

Nada lejos en tono del cortometraje homónimo, “un campo de pruebas” en el que Nacho Sánchez topaba con el rechazo de una nueva amante (Ángela Cervantes), asustada ante la presencia de muerte del hogar de él. Sánchez sigue portando el olor a muerte en la mirada. “Tiene algo”, opina Manrique, “y con la manera que se transforma y que compone los personajes lo puede todo. En cine había hecho mucho del chico más apocado y tímido, pero en teatro le hemos visto hacer cosas radicalmente diferentes”. En 2016, fue nominado al Goya a Revelación por ‘Diecisiete’, y siete años después repetiría en la categoría de Actor por ‘Mantícora’, donde adoptaba la parte más monstruosa y vulnerable de un pedófilo (por el papel sí ganó el Feroz). Aunque el largometraje rehará el cortometraje por entero, el director no dudó en repetir protagonista: “En la cámara, impone mucho. Es muy cinematográfico”.

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"[Nacho Sánchez] En la cámara, impone mucho. Es muy cinematográfico"

Manuel Manrique ha insistido en el caballo de Troya que esconde ‘Una cabeza en la pared’. Por un lado, siendo él un auténtico analfabeto del mundo de la tauromaquia, procuró documentarse conociendo a numerosos “toreros, banderilleros, gente de las plazas, ganaderos, de todo”. Su motivo, “si vas a representar algo en la pantalla, por lo menos hay que conocerlo. Eso te sirve para tener alguna idea y luego mostrar, tú, tu propia realidad”. Los toros eran lo de menos para el ganador a Mejor Cortometraje en el Festival de Málaga con ‘A ninguna parte’ (2020), aunque reconoce el interés del audiovisual español por la tauromaquia (‘La suerte’, ‘Tardes de soledad’).

“En mi caso, buscaba indagar en un mundo crepuscular, que se está acabando aunque parezca que no. La tauromaquia siempre está ahí, como que parece que se extingue”, pero no. Los toreros son parte de un ethos errático, perdido, que puede reconocerse lejos de las plazas. “Es un dilema que vemos constantemente en nuestras propias profesiones: la gente mayor, o incluso más joven, ven cambios muy repentinos en el mundo y no saben cómo subirse a qué barco, ni quienes son en este constante cambio”. Las dudas del vaquero ante la máquina de vapor, del contable contra la IA.

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El existencialismo se crece por entre la noche oscura del cortometraje de Manrique, y en la misma línea tenebrista aspira moverse para la adaptación a largometraje. Las imágenes que ha tenido por referencia parten del costumbrismo vibrante de Bigas Luna y “un mundo oscuro y urbano, donde el torero se siente alienado; como una especie de Madrid distópico, retrofuturista”. La lluvia de nombres aturullan y distraen de lo meramente “lynchiano”: ‘Taxi Driver’, ‘Blade Runner’, el cine de Wong Kar Wai o de los hermanos Safdie, como las ciudades turbias de ‘Good Time’ o ‘Diamantes en bruto’. Ese Madrid, asegura, “no hay que fabricarlo”, sino sólo “buscarlo, iluminarlo y encuadrarlo diferente”. Igual que en el cortometraje, parte de la acción sucederá en el centro comercial de Las Arenas de Barcelona, antigua plaza de toros reconvertida en un histriónico mercado de puestecillos de helado, tiendas de cosmética y de fundas de móviles. En su mismísimo centro, un novísimo suelo de vidrio compuesto con leds, una superficie que poder iluminar de rojo intenso. ‘Una cabeza en la pared’ se espera en las salas comerciales a finales de 2026 o principios del 2027, dependiendo de su circuito en festivales de otoño.