Entrevista
Christian Petzold, retrospectiva de un cineasta sin descanso: "Soy protestante y alemán, creo que todo se resuelve trabajando"
El director responsable de 'Espejos No. 3', 'El cielo rojo' u 'Ondina' visita Barcelona como foco del D'A 2026. El reconocimiento, naturalmente, lo encuentra trabajando
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“Para el año que viene preparo una película sobre una chamana ciega y su hija que maldicen a las personas que son malas y las llevan a morir”, explica Christian Petzold sobre la alfombra roja del D’A – Festival de Cinema de Barcelona, aunque “Paula Beer no estará en ella, la pobre necesita un descanso, que ha tenido un bebé”. El cineasta ha sido premiado en todos los grandes festivales, desde Berlín (‘El cielo rojo’, con Gran Premio del Jurado, ‘Ondina’ con el de la Crítica, ‘En tránsito’, ‘Barbara’, Oso de Plata a la Dirección, ‘Yella’), a Venecia (‘Jerichow’, ‘The State I Am In’) o San Sebastián (‘Phoenix’, asimismo Premio de la Crítica). En Barcelona es objeto, por parte del D'A, de una retrospectiva y el próximo 10 de abril estrena en las salas de cine españolas su última producción, ‘Espejos No. 3’.
“En verano estaré rodando una película policial para la televisión alemana, lo cual me gusta. Hago una cada dos años”. Voz imprescindible del cine europeo contemporáneo, la filmografía de Petzold también es de las más prolíficas. Como muestra su página de IMDb, las vacaciones no entran en el horizonte del sexagenario nacido en el Berlín Oeste, poco antes de la construcción del muro. “Soy protestante y alemán, así que en el fondo creo que podemos resolverlo todo trabajando, aunque sepa que es mentira”. En ‘Espejos No. 3’, su película más reciente y con la que participó por primera vez en el Festival de Cannes, Paula Beer viste la piel de Laura, una pianista que supera la parálisis creativa y personal por el duelo tras la muerte de su novio jugando a los fantasmas con la mujer que la acoge –¿o la secuestra? – en su idílica casa de campo.
De qué va, le preguntamos a Petzold, este cineasta de la híper productividad hablando de los bloqueos creativos ajenos. Ríe, y aclara “estoy realmente seguro de que la forma en que Laura resuelve su bloqueo artístico, y todos sus bloqueos personales, es la única manera posible para hacerlo. Tienes que tener un accidente, algo repentino, sorprendente, que haga que todo cambie. Yo, protestante, siempre pienso que para progresar en la vida hay que trabajar, trabajar y trabajar. Pero como nunca he vivido un bloqueo creativo en mi vida, por suerte tampoco necesito accidentes”.

Breve inciso: si Paula Beer sobrevive en el accidente inicial de ‘Espejos No. 3’, es solo porque el alemán ha entendido que la producción independiente reclama métodos como el de Hong Sang-soo, que parten siempre de un mismo equipo humano que explica historias diferentes: “Rodé ‘El cielo rojo’ rodeado de actores inteligentes, con quienes tuve muchos ensayos y conversaciones. Durante las semanas de trabajo llegué a la conclusión (si no al deseo) de quedarme para siempre trabajando a su lado. La historia de ‘Espejos N.o 3’ surge en aquel momento”. En el mundo del cine indie, una producción cómoda y gustosa es prioritaria y, siguiendo la hebra de pensamiento de Petzold, no debe separarse de los relatos que contamos.
Christian Petzold también ha insistido en que nadie debería dirigir nada antes de cumplir los 29 años, como suele decir citando a su adorado Jean-Luc Godard, porque hasta la treintena “no se ha vivido lo suficiente”. ¿Eso significa que las películas que va dirigiendo van mejorando por una cuestión de edad? “Sería genial si fuera así”, bromea. “Sí puedo decirte que, algún tiempo atrás, asistí a una retrospectiva mía en Nueva York, vi una película muy antigua que hice hace 25 años y dije, ‘Dios mío, esto es realmente bueno. Qué listo era’”.
Además de “listo”, Petzold es tremendamente popular. Le pedimos al autor la receta entre el componente clásico de sus películas –perfectamente ancladas en géneros y arquetipos reconocibles (romances, intriga de espionaje, incluso comedia)– y el carácter extrañado y colorista, como de cuento de hadas, que imprime en sus historias. Aventura que “el cine y los sueños tienen algo que ver entre sí. No parece casualidad que el cine fuera inventado en 1895 por los hermanos Lumière y el trabajo sobre los sueños por Sigmund Freud se publicara en el mismo año. Y así, fórmulas de género como las piezas de un thriller, las persecuciones o las historias criminales, que siempre están en mis películas, tienen que tener algún vínculo con los sueños. Quizás porque en los sueños siempre estás siendo perseguido, o te sabes culpable, o tienes un miedo insuperable”. Para aspirar al sueño, “necesito introducir estos ingredientes en mis películas”.
Como los sueños, sueños son, le preguntamos si acaso las historias que contamos en la pantalla pueden distraernos de los conflictos reales, allí afuera. De hecho, Petzold a menudo incluye cataclismos descomunales como telón de fondo para sus dramas (la Segunda Guerra Mundial está en ‘Phoenix’ y ‘En tránsito’, la Guerra Fría en ‘Bárbara’ y un incendio forestal en ‘El cielo rojo’). Su respuesta, entonces, es prudente: “El protagonista de ‘El cielo rojo’ también sufre un bloqueo. No puede escribir, y está buscando una suerte de accidente. En aquella película, es un incendio forestal. Por otra parte, este tipo se enamora de una mujer que no lo ama… Lo cual es una catástrofe a su manera”.

“En cualquier caso, el cine es sabio. Sabe mucho sobre el mundo porque escucha bien lo que se esconde bajo la conciencia. Las películas están atentas a deseos y sentimientos que no han encontrado el camino hacia la superficie”, concluye. Insistimos sobre el cruce entre arte y política; aunque Petzold nunca se ha posicionado en el debate al calor del Festival de Berlín. Cataloga la respuesta de “muy sencilla”, aunque no demasiado concreta. “Mucha gente ama el arte porque allí encuentra una historia, o consuelo. Y encontrar una historia, una narración y también un consuelo, por lo menos de que no estás solo en el mundo y que hay tantas otras personas que también tienen un destino que puedes comparar con el tuyo, esto es algo que te deja vivir. Los políticos no entienden lo importante que es el arte”.









