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Critica
‘El diablo viste de Prada 2', una satisfactoria y desacomplejada fantasía para 'girls and gays' que teme por el futuro del periodismo
El estelar reparto liderado por Meryl Streep y Anne Hathaway brilla en una secuela no tan divertida y memorable como la original pero superior a las expectativas
Actualizado:
Los tiempos han cambiado. Cuando se estrenó ‘El diablo viste de Prada’ en 2006 no existía el iPhone, la palabra influencer no formaba parte de nuestros diccionarios, el periodismo no estaba al borde la extinción y Silicon Valley no se había convertido todavía en la boca del infierno. La mayoría de nosotros tampoco sabíamos lo que era el azúl cerúleo y la cultura pop todavía no había parado a preguntarse por qué Gordon Gekko, el tiburón de las finanzas inmortalizado por Michael Douglas en ‘Wall Street’, era un modelo a seguir mientras Miranda Priestly, el alter ego en la ficción de Anna Wintour que redescubrió a Meryl Streep a toda una generación de espectadores, era percibida como la villana de la ficción.
Muchas cosas han cambiado en estas dos décadas. Otras siguen siendo exactamente iguales, como volvió a evidenciar el duelo entre ‘Oppenheimer’ y ‘Barbie’. Puede que la película de Greta Gerwig gobernara la conversación y la taquilla, pero al final fue Christopher Nolan el que se llevó los premios y el reconocimiento. En 2026 el cine de ‘girls and gays’ todavía tiene que pelear por trascender la etiqueta del ‘placer culpable’. Afortunadamente, el director David Frankel y la guionista Aline Brosh McKenna no parecen demasiado preocupados en que ‘El diablo viste de Prada 2’ apele a nuevas audiencias o consiga una validación externa que no necesita y que, francamente, nunca iba llegar. Su objetivo está claro: recuperar a los personajes de los que enamoramos y recordarnos por qué aquella “película para chicas” se convirtió en una de las historias más influyentes, revisionadas y citadas de un Hollywood dosmilero que todavía estaba aprendiendo a coexistir con la amenaza de internet y su pérdida de estatus en la cultura popular (curiosamente, dos amenazas compartidas por la industria editorial en esta secuela).









