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Crítica

‘Blondi’, el gran debut de Dolores Fonzi en la dirección

La conocida actriz argentina escribe, dirige, produce y protagoniza una película que se resiste a que se la meta en una cajita

San Sebastián·Actualizado: 27.09.2023 - 16:55

No voy a decir nada nuevo. Lo que está pasando en el cine, y más con historias contadas por mujeres, refleja el hartazgo de las féminas y sus imperiosas ganas de romper con corsés sociales, con modos impuestos de hacer las cosas y de vivir. En esa estela, ‘Blondi’, el destacado debut en la dirección de la actriz Dolores Fonzi, es una hija directa de la toma de las calles en Argentina, de los gritos del ‘Ni una menos’ o del ‘Que sea ley’, cuyas ondas expansivas generaron grietas en las rígidas estructuras, fortalecieron los movimientos feministas, envalentonaron e inspiraron a las mujeres.

Con todo lo serio que se escucha lo anterior, ‘Blondi’ no es una lección, ni un recordatorio de las batallas ganadas en cuestión de feminismo. Dolores Fonzi no da cátedra, para eso están otros. Más bien se decanta por contar esta historia de una manera tal que resulta una propuesta que desborda frescura sin caer en ñoñerías, profundizando en su justa medida y hasta donde el desarrollo de sus personajes se lo permiten.

'Blondi' (un deleite ver tanto desparpajo y libertad interpretativa en Dolores Fonzi) es la madre del veinteañero Mirko (notable Toto Rovito). Juntos se van de fiesta, van a conciertos, fuman porros, escuchan la misma música, ven las mismas películas y comparten el mismo círculo de amigos. Es obvio que entre Blondi y Mirko no existe una relación materno-filial a la usanza, desde esta ficción se plantea hacer añicos el mito de que las madres no pueden ser amigas de sus hijos. Sea esto posible o no, cierto es que Blondi entiende y ejerce la maternidad de otra manera, que no es más que la propia, alejada de modelos y lineamientos impuestos.

Blondi como su personaje principal, se resiste a que la metan en una cajita, ya que es una película sencillamente inclasificable, para bien y para nuestro beneplácito, en cuanto a su identidad cinematográfica. Fonzi demuestra inteligencia al aprovecharse de las bondades de algunos géneros, los mezcla a su antojo, en buena medida y sin abusar, como si se tratase de un cóctel de autor, eso sí, despojado de arrogancia. Recurre a la –quizás engañosa- ligereza de la comedia, el humor fluye a veces discreto, otras más evidente; como también apela a los efectos evolutivos del road movie, y lúdicamente a elementos del suspense. Para que toda esta mezcla funcione con armoniosa precisión, acertó con un habilidoso elenco en el que destacan Carla Petersen, Rita Cortese y Leonardo Sbaraglia.

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