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Crítica

Ethan Hawke, en auténtico estado de gracia, se bate contra la autoindulgencia en la golosa y melancólica 'Blue moon'

El director Richard Linklater vuelve a reunirse con su actor fetiche para embotellar los últimos días de Lorenz Hart, poeta maldito del primer Broadway de masas

Gijón·
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Ethan Hawke en un fotograma promocional de 'Blue moon', de Richard Linklater
Ethan Hawke en un fotograma promocional de 'Blue moon', de Richard Linklater · Fotografía: SONY PICTURES

Los ejemplos son variopintos. Es célebre el rechazo que todo un Eduardo Galeano siente por su obra más citada -y también la más querida de quien escribe-, 'Las venas abiertas de América Latina'; y no menos famoso es el poco cariño que le profesa Alan Moore a las novelas gráficas que más seguidores le han granjeado a lo largo de su prolífica carrera. Hay una cuestión de fondo, la de renegar del éxito, que a lo largo de la historia de la creación artística se ha pintado sobre diferentes lienzos: el de intentar escapar de la cultura popular por considerarla banal, el de la trascendencia de los creadores desgraciados a los que la historia dio la razón -mirando a Van Gogh o Allan Poe- y, como no podía ser de otra forma, el de un exclusivismo -a veces machista- por el que la universalidad tiene más que ver con las tripas que con el seso. Sobre ese asunto tan delicado, hecho de la materia misma de la inteligencia, versa la sutil y matemática 'Blue moon', película dirigida por Richard Linklater y estrenada en el último Festival de Berlín que actúa como díptico con 'Nouvelle vague' sobre las tesis que obsesionan al realizador, a punto de besar los labios de lo crepuscular.

A competición en la sección Albar del Festival de Gijón y protagonizada por un excepcional Ethan Hawke, que se sale de su propio arquetipo instalado en la cochambre para dar vida a un caballero de la lírica, la película actúa como embotellamiento -literal, por sus problemas con el alcohol- de la vida y obra de Lorenz Hart, quizá el hombre más importante para la consolidación del Broadway de entreguerras. Autor, junto a Richard 'Dick' Rodgers de canciones como 'The lady is a tramp', 'Bewitched' o la que da título al filme y que tanto detestó siempre, Hart se ha instalado en la memoria colectiva de los 'conoisseurs' del medio como un vivalavirgen, un sujeto tan brillante como problemático y tan genial como desagradable en el trato. Desde la más estricta empatía, y desde un reparto evangélico que completan Margaret Qualley -quizá en el primer buen papel de su corta carrera-, el magnético Andrew Scott y un siempre carismático Bobby Cannavale, la película es capaz de desnudar los afectos y carencias de su protagonista sin caer en ningún momento en el patetismo, mas sí en una autoindulgencia controlada que es en realidad pura reverencia melancólica.

Margaret Qualley y Ethan Hawke en un fotograma promocional de 'Blue Moon', lo nuevo de Richard Linklater
Margaret Qualley y Ethan Hawke en un fotograma promocional de 'Blue Moon', lo nuevo de Richard Linklater · Fotografía: Berlinale

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