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Objetivo Goya: 'The Sleeper. El Caravaggio perdido' y el reto de convertir los secretos del arte en un thriller didáctico y divertido
Hablamos con el director cántabro, nominado al Goya a la Mejor Documental gracias a su original mirada a uno de los grandes hallazgos recientes del mundo del arte

Álvaro Longoria tenía ganas de entrar en lo desconocido con ‘The Sleeper: El Caravaggio perdido’ su octava película como director. El descubrimiento de una obra durmiente que podría haber pertenecido a Caravaggio llamó la atención del santanderino, intrigado desde hace años por los secretos del mundo del arte. “A mí me fascina todo lo que no se conoce. Me parece interesante entrar en aquellos sitios donde el público no puede acceder para permitirles ver las cosas desde dentro y forzar al espectador a posicionarse, a aprender y a tomar sus propias decisiones. Siempre que hago documentales me gusta jugar con la idea de darle información al espectador y obligarle a intentar rellenar los agujeros que faltan del relato”, explica un cineasta que ganó el Goya en 2013 por ‘Hijos de las nubes, la última colonia’ y al que volvió a optar por el largometraje ‘The Propaganda Game’ y el cortometraje ‘Esperanza’. No es lo mismo hablar de los problemas en el Sáhara Occidental que del viaje de un cuadro desde que sus dueños lo ponen a la venta en una casa de subastas de Madrid por tan solo 1.500 euros sin saber que la obra de arte podría llegar a valer hasta 300 millones de euros.
“Lo que más me preocupaba era saber lo que quería contar. No sabía cuál iba a ser el siguiente paso o, por supuesto, cómo iba a acabar la historia. El cuadro podría haber acabado en un desván y la película hubiera sido un fracaso total”, reflexiona en relación al mayor reto de llevar a la pantalla la historia del Caravaggio perdido.
Al pensar en cómo poner en imágenes la vertiginosa carrera en la que expertos, coleccionistas y marchantes de todo el mundo se dejaron la piel para hacerse con el Ecce Homo perdido, Longoria llegó a conclusión de que era la oportunidad perfecta para explorar las herramientas y técnicas del cine más narrativo. “Siempre he pensado que la ficción utiliza muchos de los recursos del documental. Aquí me parecía interesante que el documental utilizase los recursos de la ficción. En este caso la realidad era un thriller y era orgánico contar esta historia con una estructura de thriller. Me parecía que era natural convertirlo en un thriller porque así es como lo vivimos nosotros”.

El cántabro tenía claro que “quería huir del rollo aburrido que el público podría esperar de un documental sobre un cuadro”. Sentía también la necesidad de hacer justicia a “la historia más sorprendente y llamativa ocurrida en el ya de por sí fascinante y poco conocido mundo de la compraventa de arte”. Para ser capaz de capturar la esencia de esta historia, Longoria era el primero que tenía que sumergirse en una realidad desconocida. “Quería intentar entender mejor el mundo en el que vivimos. En teoría el arte es algo más etéreo, más emocional y más idealista, pero al final se convierte en números. Me interesaba mucho el mundo de la especulación y del secretismo, y al mismo tiempo quería reflejar una realidad en la que todo acaba siendo una cuestión de dinero”.
Jorge Coll, CEO de la galería Colnaghi, se convirtió en la guía del director dentro de una industria esquiva a la que no le gusta mostrar sus entrañas. “Generar esa relación y esa confianza con un sujeto es quizás la parte más difícil del trabajo del documentalista. Lo que hice aquí es ser muy claro con los protagonistas desde el principio. Le expliqué a Jorge que lo que quería era seguir el proceso, contarlo desde dentro y que no iba a salir nada hasta que no se hubiera terminado”. Longoria no fue, ni mucho menos, la única persona que se puso en contacto con el marchante de arte para ser testigo de esta historia, pero sí fue el que mejor entendió cuál debía ser su lugar en esta historia. “Todo el mundo quería la información según estaba pasando, pero si se contaba podría afectar al proceso y al valor del cuadro. Mi objetivo era ser testigo del proceso, no interferir en él”.

Coll era una sola de las piezas dentro de una intriga en constante movimiento. “Cada una de las personas con las que hablabas tenía una agenda diferente. Todos querían quedar de una manera concreta o transmitir una idea”, recuerda Longoria. La mayoría de las personas que salen en ‘The Sleeper: El Caravaggio perdido’ son protagonistas, directa o indirectamente, en la historia. “Lo que me parecía fascinante era intentar entender las motivaciones, las estrategias, los beneficios y los riesgos de cada una. Para un experto, posicionarse sobre algo tan importante como un Caravaggio puede definir su carrera de una forma u otra. Me interesaba ver hasta qué punto eran manipulables los expertos o hasta qué punto el dinero podía influir su opinión, aunque no fueran ellos los que iban a ganarlo”. Entre los protagonistas del documental también figura la familia Pérez de Castro, la parte más interesada en el resultado final de un misterio millonario. “Era muy interesante ver qué pensaban, cuándo les surgían dudas y cómo lidiaban con la posibilidad de verse ganadores de muchísimo dinero, o de nada. Con toda esa información había que crear un puzzle que resultara a la vez didáctico, entretenido y divertido”.
El exdirector del Festival de Santander pone en valor la diversidad del quinteto de candidatas al Goya a la Mejor Película documental de este año. “Es curioso porque los nominados de este año representan muy bien lo que se está haciendo ahora mismo en España”. Entre las rivales de ‘The Sleeper: El Caravaggio perdido’ hay opciones populares (Flores para Antonio’, de Elena Molina e Isaki Lacuesta), festivaleras (‘Tardes de soledad’, de Albert Serra), cinéfilas (‘Eloy de la Iglesia, adicto al cine’, de Gaizka Urresti) y políticas (‘Todos somos Gaza’, de Hernán Zin. “Creo que cada documental y cada historia se tiene que contar de una manera diferente. No es lo mismo contar la historia de Gaza que la de un cuadro, pero creo que hay que asegurarse de que el espectador disfrute del proceso y del visionado”, defiende Longoria. “‘The Sleeper’ refleja una forma de hacer cine documental que cuenta algo importante sin dejar de ser un producto atractivo para el público. Creo que eso lo refleja muy bien la película”.
***Este artículo es posible gracias la película 'The Sleeper: El Caravaggio perdido', dirigida por Álvaro Longoria, producida por Estrategia Audiovisual, Mediacrest y Fandango
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