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Crítica desde Toronto

‘Flora & Son’, la película más desarmante, encantadora y amateur de John Carney

El director de 'Sing Street' presenta en Toronto un retrato cariñoso sobre el poder de la música que llegará a Apple TV+ el 29 de septiembre

Toronto·Actualizado: 15.09.2023 - 03:59
Eve Hewsonn y Orén Kinlan son madre e hijo en 'Flora & Son', de John Carney
Eve Hewsonn y Orén Kinlan son madre e hijo en 'Flora & Son', de John Carney · Fotografía: Courtesy of TIFF

Eve Hewson lleva años actuando en papeles secundarios de grandes producciones (‘Puente de espías’, ‘Robin Hood’), desde que se estrenara como la enfermera y amante del Dr. John W. Thackery en ‘The Knick’. Por ello hoy, cuando la vemos aparecer en un club, corriendo a cámara lenta dispuesta a bailarlo todo al son de Chilly Gonzales, sentimos que descubrimos a una actriz de primera, por segunda vez.

En la nueva película de John Carney, Hewson es Flora, joven madre soltera en un barrio obrero de Dublín. Flora navega su entorno social más inmediato con la claridad y el relativismo de quien ha tenido mucha calle (parece que siempre tenga una respuesta preparada), y al mismo tiempo, con una pasión casi infantil por todo lo que la vida tiene que ofrecerle. Hewson moldea a su personaje abriendo un amplísimo abanico de curiosidad y de excitación a través de sus ojos, al tiempo que juega divertida con los labios: con una expresividad digna de la mejor escuela de Meryl Streep, da aire y carácter (muy Irish) al paladear cada una de las sílabas que pronuncia. Cuando se concentra, Hewson aprieta la boca y pone morritos.

¿Cómo no vamos a enamorarnos de esta joven contenta y cansada de sostenerse como adulta? ¿Cómo no quererla, igual que en su día quisimos a la noruega Kristine Kujath Thorp, la madre nunca preparada de ‘Ninjababy’? Comparten los rasgos fuertes de una “choni” y el amor por el vino blanco (Flora nunca suelta su copa, demasiado llena para disfrutarla como toca, aunque para ella siempre demasiado vacía). Un día recoge una guitarra de un container con la esperanza de que su hijo Max (Orén Kinlan) cambie sus largas ausencias de casa por un pasatiempo algo más educativo… Aunque, ante la negativa rotunda del chaval, va a ser ella quien se proponga aprender a tocarla. Quizás atribuya su interés a una cuestión meramente estética (“tocar la guitarra es sexy”), y no tenga en cuenta el universo de compromisos y penurias que le atribuye su exmarido Ian (Jack Reynor), un cantautor “dosmilero” fracasado.

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