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Series

Los ‘true crime’ de las víctimas: cómo pasar del escándalo al respeto en tres series británicas

Filmin ha estrenado 'El quinto mandamiento', serie basada en un caso real que pone el foco en las víctimas. Una tendencia presente en varias series británicas recientes

Madrid·Actualizado: 20.02.2024 - 05:20
Imagen de la serie ‘El quinto mandamiento’, con Timothy Spall
Imagen de la serie ‘El quinto mandamiento’, con Timothy Spall · Fotografía: Filmin

El sensacionalismo de la prensa no es exclusivo de Reino Unido, pero en el país de William Shakespeare y Sherlock Holmes sí cuentan entre sus cabeceras con algunas de las decanas de un tipo de periodismo que convierte en circo mediático cualquier caso o escándalo que caiga en sus manos. Cuanto más morbo o detalles escabrosos, más interés despierta en quienes lo ejercen y alimentan como consumidores. Uno de esos casos, el de los crímenes cometidos por Ben Field en 2015 en el pequeño pueblo de Maids Moreton, es el que aborda la serie ‘El quinto mandamiento’. Un título que se distancia años luz del tratamiento mediático recibido en su día. Sarah Phelps, su creadora, se pone del lado de las víctimas, a las que quiere hacer justicia contando su historia, quiénes eran, lo que les ocurrió y el vacío que dejó su muerte. Una miniserie de cuatro episodios que se mueve en la línea (por tono e intenciones) de otras con las que comparte pasaporte como ‘Des’ y 'Los crímenes de Essex’.

Estrenada el pasado martes en Filmin –plataforma en la que también se pueden ver otra con base real como ‘Sherwood’–, lo que hace Sarah Phelps en su aproximación al caso es recurrir a la sensibilidad, la sutileza y el respeto a la hora de contar qué ocurrió, cómo y por qué. En ningún momento se recrea en el morbo o se deja llevar a los puntos más oscuros de la historia. Phelps pone el foco en las víctimas y sus familias, se toma su tiempo para que el espectador las conozca, las quiera y entienda cómo fueron seducidas por un joven, Ben Field, que se sirvió de su soledad y su sensibilidad para engañarles, aprovecharse de ellos en lo emocional y lo económico y provocar su muerte. A Peter Farquhar lo mató y fue condenado por ello. A Anne Reid no llegó a asesinarla en el sentido estricto del término, pero sí fue causa de su muerte.

La sensibilidad de Phelps a la hora de recoger lo sucedido y contarlo –algo que ya mostró en ‘Un escándalo muy británico’– recorre toda la serie, dirigida por Saul Dibb, y se nutre de un trío protagonista que entiende lo que se necesita de ellos. Timothy Spall hace un retrato tan humano como profundo de Peter Farquhar, un profesor ya retirado, religioso y homosexual, de cuya soledad y deseo de ser querido se aprovechó Field, al que interpreta un lleno de matices e inquietante Éanna Hardwicke. Su otra víctima es Anne Reid. Ann Moore-Martin está igualmente impecable en su papel. En ningún momento su actuación y su presencia opacan a los personajes que interpretan. Las víctimas de Field siempre están en primer plano. Las que fallecieron y las que se quedaron, porque el hermano y la cuñada de Farquhar y la sobrina de Reid y su familia también son damnificados.

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