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Opinión

Crítica

'Decision to Leave', un amor ominoso encerrado en un thriller con regusto a clásico

'Decision to Leave' llega a los cines tras su premio a la Mejor Dirección en Cannes y como una de las candidatas internacionales favoritas para llegar a los Oscar

Valencia·Actualizado: 20.01.2023 - 05:00
'Decision to Leave' llega a los cines españoles tras su premio a la Mejor Dirección en Cannes
'Decision to Leave' llega a los cines españoles tras su premio a la Mejor Dirección en Cannes · Fotografía: Avalon

Durante la fase de postproducción de la serie 'La chica del tambor', al director coreano Park Chan-wook (Seúl, 1963) le golpeó la nostalgia. Echaba de menos su país natal y añoraba el cine. Fue entonces cuando decidió pergeñar una película en Busan y con aspiración de legado. Lo impulsaba el anhelo de firmar un clásico contemporáneo.

Su vuelta a casa transpira, efectivamente, guiños al Hitchcock más sofisticado. Su protagonista femenina bien podría ser un remedo de Grace Kelly, entre el juego de seducción de 'Atrapa un ladrón', la esposa infiel de 'Crimen perfecto' y la carismática novia de 'La ventana indiscreta'. Hasta la partitura de Cho Young-Wuk recuerda a las composiciones volcadas en la exploración psicológica de los personajes de Bernard Herrmann. Pero nada es manido en este thriller romántico sobre un detective que sospecha pero se siente irremediablemente atraído por la viuda de un suicida.

De partida, la propuesta es también un homenaje a Buñuel y a su fijación con la mirada. El maestro del surrealismo auguró que “el día que el ojo del cine realmente vea y nos permita ver, el mundo estallará en llamas”. 'Decision to Leave' no provoca la combustión de la audiencia, sino que la ancla al extremo de la butaca en una trama fascinante, emocionante y compleja, llena de giros y elevada con unas elegantes e ingeniosas fotografía y dirección de arte.

En el laberinto en el que nos adentra, Chan-wook confunde continuamente al espectador entre la realidad y la ficción, entre lo que el ojo no ve porque no está a la vista o a pesar de que mira. De ahí que la observación sea un motivo recurrente en todo el largometraje. No solo en su aspecto meta, con la vigilancia a la que se somete a la viuda negra a través del cristal de la sala de interrogatorios, de las cámaras y del uso de prismáticos, y del recurso estilístico de las pantallas de televisión y las ventanas donde se superpone a los protagonistas, sino también de manera literal, para establecer una prolongada metáfora del recelo, el acecho y las suspicacias entre la pareja.

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