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VIDEOCOLUMNA

'La homilía' de Pedro Vallín. Por qué Batman quería matar a Superman y por qué la existencia de Donald Trump le da la razón

Zack Snyder nos regaló algunas certezas sobre libertad y soberanía en unas películas que no querían ser políticas y por eso lo eran, al revés que las de Nolan

Madrid·Actualizado: 28.03.2025 - 06:40
El periodista Pedro Vallín, durante la nueva edición de su video semanal 'La homilía'
El periodista Pedro Vallín, durante la nueva edición de su video semanal 'La homilía' · Fotografía: KINÓTICO

La vinculación de Superman con los relatos crísticos, es decir con el arco mesiánico del Nazareno, es muy conocida y ha sido identificada desde casi los albores del tebeo de Action Comics, a pesar de que sus creadores, Siegel y Schuster, fueran de origen judío. Por cierto, sobre los jóvenes judíos que dieron origen a la industria del tebeo de superhéroes hay una novela extraordinaria de Michael Chabon, 'Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay' (2000), que ganó el premio Pulitzer y de la que lleva más de veinte años intentando sacar adelante una adaptación Stephen Daldry, director de 'Billy Elliot' (2000), 'Las horas' (2002) y 'El lector' (2008), poca broma. A lo que íbamos, Supermán, hijo de dios, bajó a la Tierra para ser uno más, pero también para salvarnos. El verbo se hizo hombre y nos empeñamos en matarlo.

Zack Snyder, en 'El hombre de acero' (2013), hizo algo más: lo convirtió literalmente en el rey de los judíos. Henry Cavill no solo vino a redimir nuestros pecados sino que venía a fundar Israel, a tomar la Tierra Prometida. Portador del códice, garantía de supervivencia genética de las estirpes de Krypton, Kal-El es impelido por el general Zod a exterminarnos y reemplazarnos por kryptonianos. Es decir, en la película escrita por David S. Goyer, los humanos somos palestinos, un estorbo para la refundación de Israel. Y Superman es un judío traidor que se niega a patrocinar un genocidio, aunque eso signifique la extinción de las estirpes de sus hermanos de Krypton, que por otro lado ya están muertas.

En realidad, el mandato divino de Jehová sobre el Cristo para que no interviniera en el destino de los hombres ya aparece en el 'Superman' (1978) de Richard Donner. Su padre, Jor-El (Marlon Brando interpretando a un Yahvé guapísimo) deja dos mensajes de clara ascendencia religiosa y abrahámica: “Pueden ser un gran pueblo, Kal-El, desean serlo. Sólo les falta la luz que les muestre el camino. Por esta razón, por encima de todo, por su capacidad para el bien, te he enviado a ellos, a ti, mi único hijo”. Pero añade un mandato: “Te está prohibido interferir en la historia de la humanidad”, es decir: “A ver, Jesusito, no te pongas a hacer milagros como una cosa boba”. Un mandato que, por supuesto Superman (Christopher Reeve), desobedecía para salvar a su María Magdalena, Lois Lane (Margot Kidder).

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