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'La homilía' de Pedro Vallín. Por qué el cónclave en el Vaticano acabará mal (según para quién)

Una de las paradojas del proceso racionalista de toma de decisiones es que su exceso de atención a los pormenores acaba por conducir a decisiones estúpidas

Madrid·
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El periodista Pedro Vallín, durante la nueva edición de su video semanal 'La homilía'
El periodista Pedro Vallín, durante la nueva edición de su video semanal 'La homilía' · Fotografía: KINÓTICO

Justo antes de la Semana de los Moñecos os hablaba aquí del valor civilizador del factual de National Geographic 'Mayday: catástrofes aéreas', pensamiento ilustrado en contraposición con el cine de catástrofes aéreas, que está regido por la parábola religiosa de la Torre de Babel, y hoy quería traeros un concepto que explicaban en el primer episodio de la temporada 21, titulado 'Pesadilla en el mar del Norte', a propósito del vuelo de un turbohélice que estuvo a punto de acabar en tragedia tras ser alcanzado por un rayo. Tras el impacto, los pilotos, con sobrada experiencia, reportaron a la torre dificultades de manejo –la columna de control se mostraba tan rígida que apenas podían moverla– y se desviaron a un aeropuerto alternativo para ganar tiempo y tratar de recuperar el control antes del aterrizaje.

El avión, sin embargo, comenzó a caer en picado y recuperaron el control apenas a 300 metros del suelo. Desde ese momento, el avión recobró su comportamiento normal y aterrizaron sin novedad. Lo que ocurrió es que, tras el impacto del rayo, el comandante creyó haber anulado el piloto automático, pero no lo hizo. Durante los siguientes minutos, el indicador del piloto automático permaneció iluminado en la pantalla ante sus ojos, pero ni el piloto ni su copilota lo vieron y tampoco oyeron la alarma sonora que lo indicaba. Cuando estaban a punto de estrellarse, aceleraron los motores para mejorar la sustentación y un fallo aleatorio del algoritmo desactivó de pura casualidad el piloto automático.

La razón por la que dos pilotos con experiencia obviaron las señales evidentes de lo que ocurría tras el impacto del rayo tiene una definición en psicología, se llama “el túnel cognitivo” y es la versión mental de la visión de túnel. Este mismo proceso se dio en los pilotos del trágico vuelo 447 de Air France, un Airbus que cayó sobre el Atlántico el 1 de junio de 2009, cuando volaba de Sao Paulo a París, y causó la muerte de los 228 ocupantes del avión. La hipótesis del túnel cognitivo estudia cómo, en situaciones de estrés, la atención se angosta como una linterna que alumbra a un solo punto, dejando todo lo demás en penumbra. En lugar de aumentar nuestra capacidad de análisis, el estrés cognitivo reduce la amplitud perceptiva y terminamos tomando decisiones erróneas no por falta de inteligencia o información, sino por un exceso de foco mal calibrado. Podríamos imaginar el túnel cognitivo como una sobreactuación del pensamiento dirigido y la concentración, que ignora lo obvio porque ya ha trazado una hipótesis y no admite desviaciones.

"La hipótesis del túnel cognitivo estudia cómo, en situaciones de estrés, la atención se angosta como una linterna que alumbra a un solo punto, dejando todo lo demás en penumbra"

Estos procesos de exceso de concentración racional no solo concurren en situaciones de altísimo estrés, sino también en todos aquellos procesos que impliquen desmenuzar la realidad para detenernos en detalles. Por ejemplo, explican el mal funcionamiento de HAL 9000 en '2001: una odisea en el espacio' (1969), de Stanley Kubrick, y a la inversa en 'Ex machina' (2014), de Alex Garland, ante la incapacidad del protagonista para analizar correctamente el funcionamiento de la IA. También lo vemos en 'Primer' (2004), de Shane Carruth, sobre la imposibilidad de controlar un experimento de viajes en el tiempo y en 'Un tipo serio' (2009), de Joel y Ethan Coen, sobre un profesor de física que intenta utilizar la racionalidad, la ley y la religión para entender lo que le rodea y el exceso de análisis solo lo lleva a mayor confusión. Y por volver a dos mencionadas aquí hace quince días, tanto en 'El vuelo' (2012), de Robert Zemeckis, como en 'Sully' (2016), de Clint Eastwood, veíamos cómo la investigación de sendos accidentes se centraba en detalles técnicos y morales que obviaban lo evidente y pervertían el proceso: pues ambos comandantes salvaron a su pasaje.

Y lo vemos en las películas sobre jurados, que no son estrictamente un drama judicial porque su relato procedimental no trata sobre la consecución de pruebas o testimonios relevantes, ni tampoco sobre la dilucidación de la verdad, sino sobre cómo llevar un racionalismo procedimental hasta el extremo en sucesivas votaciones y sus efectos. Y así vemos como, lejos de acercarnos a decisiones racionales, nos dirigen exactamente en la dirección opuesta: a hacer que la minuciosidad y la obsesión por el detalle conduzca al error. En 'Las dos caras de la verdad' (1996), de Gregory Hoblit, esa atención al detalle es la triquiñuela a la que acude el abogado al que da vida Richard Gere, y en 'Los 7 de Chicago' (2020), de Aaron Sorkin, la literalidad, el tecnicismo y el exceso de procedimiento sirven para desactivar cualquier sentido común o justicia real. Vale para 'Doce hombres sin piedad' (1957), de Sidney Lumet, para 'El jurado nº2' (2024), de Clint Eastwood, o, por supuesto para 'El proceso' (1962), de Orson Welles, sobre la conocida pesadilla de Kafka.

Y así, como vemos en 'Cónclave' (2024), dirigida por Edward Berger y basada en la novela de Robert Harris, es cómo se elige Papa al único que los cardenales electores no deseaban como tal. Tenedlo presente estos días. Y claro, el túnel cognitivo sirve para los jurados de premios, todos, donde los procedimientos de sucesivas votaciones y acortamiento de las listas de candidatos acaba centrando la atención en minucias que dan lugar a los extraños apaños que son los palmarés de los festivales de cine. El 13 de mayo empieza Cannes y Rodrigo Sorogoyen preside el jurado de la Semana de la Crítica.

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